Llegó el Mesías, vino de arriba, vino del cielo – Ps. Parrish Jácome

Texto: Juan 3: 31

El gran panorama

El ambiente festivo de la Navidad invade las calles, el tráfico se intensifica, los centros comerciales se saturan, las jugueterías son frecuentadas con mayor frecuencia, evidenciando la cuenta regresiva de la fiesta más importante del año. Los preparativos para la denominada “noche buena” se intercambian, estableciendo cada detalle para un tiempo familiar muy especial.

Los comerciantes con expectativa se han preparado, esperando que las ventas de estos días, logren revertir una tendencia que se acentuó en los últimos meses. Los diez días previos a la Navidad siempre serán determinantes para el consumo, estimulados por diversas ofertas que regularmente se ofrecen, donde el propósito es atraer a quienes todavía no se han decidido.

El intercambio de regalos como una tradición ancestral, donde el espíritu de la Navidad invita a compartir, entregar, brindar, compartiendo lo que en otro tiempo con facilidad no se produce. Estas muestras de aprecio o desprendimiento, son una expresión muy clara del verdadero sentido de esta fiesta, al recordar el nacimiento del Salvador, del Mesías esperado, que llegó como un regalo, una gracia inesperada.

Jesús, como el regalo especial, hermoso, inmerecido, hace su aparición en escena cuando muchos no lo esperaban, si bien las profecías se habían anunciado, el trajín diario, el afán de lo cotidiano, envolvió a su pueblo en una oscuridad que no supo distinguir los tiempos. Una aparición que manifestó lo sobrenatural, majestuoso, sublime, de una encarnación que se produce de forma milagrosa, donde la gracia desciende del mismo cielo.

El cielo se abrió para enviar lo mejor, entregando con amor a su mejor representante, quien existiendo desde el principio, jamás se aferró a su condición divina y celestial, para descender a ser parte de nuestra historia. De arriba llegó el regalo, de arriba vino el Mesías, para instaurar un nuevo tiempo, donde la esperanza y el proyecto de vida, plena, abundante, eterna, regresarían como parte integral de la existencia humana.

 

Define tu enfoque

El ministerio público de Jesús arranca con su bautismo, la presencia del Mesías en el Jordán cuando ministraba Juan el Bautista, no fue circunstancial, era el cumplimiento de una palabra que se le había dado para testimonio. Juan presenció ante sus ojos esta profecía, viendo que el Espíritu Santo descendía como paloma sobre el Maestro, cuando este era bautizado.

Una primera etapa se produce cuando Jesús y Juan están presentes en la escena de forma conjunta, predicando, llamando al arrepentimiento, acompañando a quienes daban testimonio mediante el bautismo. Los discípulos de Juan comienzan a inquietarse, traen preguntas al Bautista, a fin de conocer la verdad, sobre este hombre que hace poco tiempo había sido bautizado.

La predicación de Jesús comienza a impactar, una voz poderosa se levanta, generando una atracción natural a quienes familiarizados con el mensaje del Bautista, encuentran puntos de coincidencia. La orientación de Juan sería fundamental, trascendente, en quienes deseosos de seguirlo, querían mantenerse apegados a la verdad.

Las respuestas del Bautista son categóricas, no dejan nada a la imaginación, menos aún levantan incertidumbre, comparten mediante la reflexión de la verdad, aquello que necesita reconocerse acerca del Mesías. Un pueblo que espera a su Salvador, tiene claro que su presencia no sería fortuita, es parte de un plan celestial, donde el Dios Eterno, como artífice y gestor, conduce las diversas acciones que se llevan a cabo.

“No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo” No hay razón de preocuparse, es necesario entender que cada espacio, palabra, interacción, impacto o influencia, no se produce por fuerza o capacidad humana, es producto de una gracia que siempre vendrá de lo alto. Juan el Bautista, disipa la preocupación por la presencia del Mesías en la escena, dejando claro que todo cuanto el está emprendiendo, le ha sido dado por el Padre.

Recordar el anuncio que había realizado es necesario, reafirmando lo que con firmeza se había señalado. Juan no era el Mesías, lejos de abrogarse una función o papel, que no se le había entregado, dejó claro que su responsabilidad era preparar el camino para su aparición, presentándose antes en escena.

Las figuras o simbología que utiliza el Bautista tiene una riqueza extraordinaria, manifestando la relación que existe entre el Mesías y el Pueblo, al darse un cumplimiento que había sido anunciado con mucha anticipación. La participación suya se estructura en función del amigo, del invitado, que disfruta la alegría de aquellos novios, esposos, que al encontrarse celebran este encuentro.

La grandeza del Bautista aparece de inmediato, no hay amargura, no hay sufrimiento, las emociones pasionales no aparecen, mostrando que como servidor del Dios Eterno, siempre tuvo claro su papel. En el corazón de Juan hay alegría, beneplácito, haber participado en este proyecto de dimensiones eternas, no tiene comparación alguna, el tiempo, el papel, las circunstancias, jamás oscurecerán el gozo.

El arranque del ministerio de Jesús, implicaría el decrecimiento en escena del Bautista, nadie se lo pide, menos aún se lo exigen, no hay demandas o reclamos, el corazón de este auténtico servidor lo asume. Cualquier distracción es considerada como innecesaria, requiriéndose despejar todo el escenario para que la figura del Mesías, comience a ganar ese protagonismo que era necesario.

La declaración del Bautista que termina reafirmando su deseo de no entorpecer el camino del Mesías es contundente, podemos levantarla como el corolario de un siervo que cumplió su papel, entendió su ministerio y estuvo dispuesto a despedirse en el momento oportuno. “Es necesario que el crezca, pero yo mengüe” Dejar atrás cualquier interés de protagonismo, individualismo, reconocimiento, es innegable, su testimonio lo muestra.

Fortalecer la figura del Mesías, sería su trabajo final, preparó el camino, enderezó las sendas, dio testimonio, la parte final estaría en esta responsabilidad, certificar que la autoridad del Salvador venía del mismo cielo. No se trata de una componenda humana que coloca a una persona en el liderazgo por amistad, familiaridad, interés personal, con Jesús no existe nada de eso, es su naturaleza, lo que posibilita este cumplimiento.

Juan el Bautista, marca esa autoridad espiritual del Mesías, utilizando esa figura celestial, donde lo que viene de arriba, no responde a movimientos humanos, es la designación plena e incuestionable, de una elección que el creador realiza. Establecer esa diferencia entre lo terrenal y lo celestial, posibilita la compresión que abre el camino para reconocer a Jesús, como un regalo del cielo.

La distinción cielo y tierra, establece una jerarquía donde lo celestial, aquello que desciende de lo alto, tiene una supremacía sobre lo terrenal, generándose un nivel de autoridad que se produce sobre todo y sobre todos, en la tierra. Si el Mesías viene de los cielos, de lo alto, tiene esta dimensión de poder inapelable, manifiesto en diversos momentos de su ministerio.

Descender del cielo nunca será circunstancial, responde a un plan establecido, donde comunicar lo que ha visto, oído, palpado, en esa dimensión es categórico, para que pueda ser reconocido por quienes no lo conocen. Testificar de lo celestial, de lo que está en lo alto, es el papel del Mesías, esto no puede realizar Juan, quien no descendió del cielo, dejándose claramente establecido uno de los propósitos ministeriales del Mesías, testificar de ese mundo celestial, donde dar a conocer al Padre, sería lo maravilloso.

La relación Padre – Hijo, connotara un nivel tan estrecho, capaz de evidenciar el respaldo que se tiene al compartir palabra, realizar acciones, encaminadas en una decisión vital, una elección de vida eterna. El Mesías llega de arriba, del cielo, para que el mundo pueda creer, abrir su corazón a esa propuesta, donde el corazón del hombre será siempre animado a encontrarse con el creador y restaurar su relación.

Venir de arriba es una señal clara de la autoridad del Mesías, su naturaleza, su esencia, entendiendo que la participación del creador es directa, proveyendo de forma contundente la provisión para restablecer una relación creador – criatura, que por sí sola no podría alcanzarse. Pasar de esa relación a la de Padre – Hijo, es determinante, llegando finalmente por medio de Jesús, a una dimensión que jamás se esperaba, amigos, una propuesta que se cristaliza en su ofrecimiento a sus discípulos.

El Mesías vino de arriba, vino del cielo, llegando a ser el regalo perfecto, completo, imperecedero, para todos cuantos al acercarse a su invitación de seguirlo, reconocen su autoridad como Señor de todos y de todo. Celebremos esta gracia, reconociendo la autoridad y el poder que Jesús, el Salvador del mundo posee, para bendición de todos cuantos creyendo en él, reciben vida eterna.

 

Define el enfoque

Al prepararnos para celebrar la fiesta más importante del año, recordar, afirmar, fortalecer las convicciones entorno al Mesías, serán determinantes para que este tiempo familiar, no se pierda, en medio de tradiciones que en el camino abandonaron el verdadero espíritu de la Navidad. Acercarnos al pesebre es necesario, reconociendo al que nació allí, trayéndonos esa gracia imposible de alcanzar por nuestros medios.

Jesús es nuestra gracia, nuestro preciso y singular regalo, aquel que descendiendo del cielo, muestra la bondad del Eterno para darnos lo mejor, aquello que perteneciendo al mundo celestial, sobrenatural, descendió para ser parte de nuestra historia. Venir de lo alto le concede una credencial especial, única, indiscutible, otorgándole una autoridad que ningún hombre podría alcanzar, para llevar adelante su ministerio.

Navidad es recordar que el cielo se abrió, entregándonos la manifestación del sublime amor, aquel que está dispuesto a entregarlo todo, sin pedir nada. El Mesías llegó, su legado nos entregó, invitándonos a caminar con esa misma gracia, que invite a quienes nos conozcan a reconocer que el amor de Dios y su justicia, no son terrenales, descienden del cielo, vienen de lo alto, para glorificar, testificar, de quien merece todo honor y toda alabanza, nuestro trino y santo Dios.

 

Tu rol en el cuadro

Considera las siguientes preguntas, reflexiona en cada una de ellas y responde con honestidad.

  1. Cual es el mensaje que Juan desea entrega al afirmar que el Mesías viene de arriba, viene del cielo?
  2. Juan no sólo prepara el camino, endereza las sendas, testifica del Mesías, también su ministerio consistía en fortalecer la figura del Mesías, A la luz de este texto, Como lo realiza?
  3. Si Jesús vino del cielo, su poder y autoridad no es de la tierra, siendo así, Qué implicaciones tiene esta verdad para tu vida diaria?
  4. El cielo siempre es asumido en supremacía sobre la tierra; Si Jesús viene del cielo como esa jerarquía se demostraría?
  5. En el cielo hay un mundo desconocido; Si Jesús vino del cielo, tenía la capacidad de darlo a conocer; podrías compartir alguna enseñan donde el Maestro enseñe del cielo?
  6. Jesús es nuestro regalo que vino del cielo, al estar tan cerca al día cuando recordamos su nacimiento, De que forma le expresarías tu gratitud?

 

Acción a realizar

Proclama su deidad, El Mesías vino del cielo.