“A pesar de todo, sostén la esperanza” por el Pastor Parrish Jácome

Mensaje dominical del 6 de septiembre de 2015

Texto Bíblico: Romanos 4: 17 – 19

El gran panorama

La administración del presidente Obama fue distinguida hace pocos días, por los indicadores económicos que en su gestión ha logrado. La recesión que se enfrentó en el 2008, producto de un manejo inadecuado que heredó quedó atrás, mostrando una recuperación lenta pero consistente, capaz de recuperar niveles que hace varias décadas no se alcanzaban.

Los pesimismos que rondaron estos años, no pudieron vencer la consistencia de un manejo económico que fue dando resultados. Las decisiones tomadas, complejas y cuestionadas por ciertos sectores, mostraron que revitalizar un mercado es posible, cuando existe coherencia en las decisiones que se traduce en reglas claras para los actores, mostrando que lo impensado no puede descartarse.

Las lecciones que la economía una vez más otorga, es un buen indicador para mostrar que la esperanza no puede descartarse por difícil que sea el escenario que se este enfrentando. Las acciones que deben implementarse en situaciones de riesgo, requerirán el coraje y la valentía para ejecutarse, superando los temores propios de los tiempos de incertidumbre.

Acercar este aprendizaje a otros ámbitos es necesario, donde la adversidad o desencanto termina por sepultar la esperanza. Sostenerla a pesar de los pronósticos desfavorables, será determinante para alcanzar lo que no todos logran conseguir, menos aún, son capaces de enfrentar, cuando todas las variables parecen certificar que nada cambiará.

Nadar contra corriente no es sencillo, requiere una capacidad física que no es fortuita, accidental, es consecuencia de un trabajo diario, que demanda ejercitarse sin descanso. En el caminar de fe la exigencia es similar, no se pueden esperar resultados, sino existe la convicción firme que a pesar de todo, el respaldo y acompañamiento del Señor estará presente, acompañando, fortaleciendo, sosteniendo la esperanza que terminará por sostener al hombre, en una espera que nunca será en vano.

El texto no es pretexto.
La exposición brillante que Pablo realiza en Romanos, donde el camino de la fe es presentando como la única senda, válida y segura, vigente desde el principio, sigue proporcionando luz a nuestros días. Reafirmar esta verdad es fundamental, necesario, para quienes procurando seguir las pisadas del maestro son seducidos por las añadiduras, que lejos de ser señales, quieren presentarse como la opción indiscutible a transitar.

El apóstol detecta este problemática en la naciente comunidad de fe, donde la comunión entre judíos y gentiles no será sencilla, demandará constantes intervenciones, prestas a orientar o corregir prácticas que se pretenden imponer a quienes no lo requieren. Enfrentar la problemática es indispensable, realizarlo con gracia y sabiduría, evitará tensionar mas las relaciones de un nuevo pueblo, requerido de mostrar la eficacia de la propuesta de vida que está presentando.

Recurrir al padre de la fe, al receptor de la promesa de una nación grande, no es circunstancial, responde a ese momento particular, donde el testimonio de Abraham será determinante para acrecentar el único camino, la fe. El desarrollo que Pablo realiza a partir del patriarca, presentando su ejemplo como un referente para seguir normando las relaciones de la comunidad de fe, permitirá encontrar la respuesta a las demandas de los judíos.

La circuncisión como señal es el punto de controversia, si en el pasado distinguió al pueblo de la promesa, debe seguir siendo el indicador para quienes deciden abrazar este camino. Una lógica que tiene su fundamento al ser un requisito a quienes optaban por convertirse en judíos, uniéndose mediante este rito en un miembro pleno de la comunidad.

Resaltar la trayectoria de Abraham, donde judíos y gentiles se encuentran mediante la fe, es fundamental para quienes están desafiados a transitar juntos a pesar de estas diferencias. Reconocer que no fue la circuncisión lo que justificó al patriarca, sino la fe, será determinante para abrir paso a quienes están siendo incorporados, unidos a un pueblo que superó una señal física, para afirmar que la mejor señal se testifica con el accionar diario de la vida.

Pablo levanta toda una argumentación teológica, donde su principal fundamento se sustenta en la fe del patriarca, mostrando la consistencia de una senda que lentamente fue girando, al punto de levantar la ley como su eje central. El diálogo entre la fe y la ley es permanente en este capítulo, respondiendo a quienes buscan descalificar a los gentiles, por considerar que no llenaban los requisitos establecidos en la ley.

La argumentación irá llegando a su objetivo, central para la esperanza de quienes abrazando la propuesta de Jesús, necesitan sentirse como parte integrante de esta comunidad y no tan sólo como un apéndice de un movimiento. La dificultad no radica en quienes llegan, como siempre, los que han disfrutado esta gracia con anterioridad, no siempre están dispuestos a entender esta presencia.

Habitar un espacio reservado para el pueblo judío, heredero de promesas, pactos, linaje, no sería sencillo, demandará la autoridad pastoral de quien llamado a ministrar a las ovejas del otro redil, debe cumplir su papel, estableciendo puentes. Una labor que va enfrentar una visión excluyente, incapaz de aceptar la propuesta del maestro, capaz de unificar en su sangre a quienes estaban distantes e irreconciliados.

La gracia mostrará su mayor eficacia, al establecer de dos pueblos antagónicos, uno sólo, capaz de integrar en su dinámica de relación, aquellos valores que el maestro presenta como distintivos de esta nueva vida. Un impacto trascendente, relevante, para quienes se miraron como adversarios, enemigos, debiendo entender que mediante la obra salvífica y redentora de Jesús, son parte de una misma familia, con un padre de todos, presto a reconocerlos como hermanos y hermanas.

Pablo no tema enfrentar la critica de los judíos, señalando el camino de la fe como el único y válido, no sólo para judíos, sino también para gentiles. Una afirmación categórica de quien está dispuesto a señalar la trascendencia del padre de la fe, Abraham, para todos, sin excepción, ni restricción de ninguna clase.

La fe y la gracia, distintivos indiscutibles de esta propuesta de vida, se encuentran en Jesús, como esas compañeras inseparables de un peregrinaje, donde con frecuencia se estarán acompañando y respaldando. La gracia destaca que no se trata de una retribución por una obra humana y la fe certifica el reconocimiento total al accionar e influencia única del Señor en la vida del hombre.

El camino de la fe posibilita la incorporación de quienes históricamente no eran parte de las promesas y los pactos, estableciendo un vínculo con Abraham, padre de todos los que transitan por la fe en el único Dios verdadero, creador de todo y de todos. Una vinculación que genera ese sentido de pertenencia e identidad con una familia, donde la relación fraterna pasa a ser una marca tan fuerte e incuestionable para distinguir a este nuevo pueblo.

La figura de Abraham es gravitante, fundamental, para entender el camino de la fe, en escenarios donde el panorama con frecuencia es contrario. Un reconocimiento que las generaciones dejaron de hacerle a este hombre, falible como todos, pero con una grandeza extraordinaria para creer a pesar de todo pronóstico.

El caminar del patriarca estuvo marcada por esa confianza absoluta en el Eterno, quien lo invita a ser parte de una historia que involucraría a multitudes sin tener descendencia, una paradoja que sólo podría entenderse desde la fe y esperarla con fe. Nada mas desafiante para un hombre que tenía todo en su contra, aferrándose a una esperanza que humanamente no poseía la mas mínima esperanza.

Las circunstancias que enfrentaba al ser un varón de edad avanzada, con una mujer estéril, no fueron impedimentos para que su esperanza decayera y dejara de seguir esperando el cumplimiento de la promesa del Señor. Grandeza indiscutible de quien aprendió a convivir con la temporalidad de la vida, el dolor, la angustia, reconociendo su incuestionable presencia, ante la cual, no se doblegó, menos aún se inclinó, continuo de pie, mostrando que la vida se enfrenta con esa actitud de coraje y valentía.

La duda como expresión de ese temor que circunda el alma, debió entender que en este corazón no había cabida, alejándose de un guerrero, mortal como todos, dispuesto a fortalecerse en sus flaquezas en quien le había mostrado su grandeza y su poder. Esperar con la seguridad que el tiempo llegaría, sostuvo la expectativa que el Señor cumpliría su palabra, realidad que en su momento aconteció.

La esperanza como expresión de esa confianza inquebrantable en el obrar del Eterno, requerirá esa determinación de caminar sin ver, avanzar sin detenerse, seguro que las promesas del Señor llegaran a su tiempo. Sostener esa esperanza en todo momento será clave para ver al creador, en los momentos y en los lugares que nunca se imaginó, recordando que el siempre está en control de todo y de todos, aunque las circunstancias nos pretendan convencer de lo contrario.

Define el enfoque
Transitar con esperanza en momentos adversos, cuando las circunstancias son desfavorables, no es sencillo, demanda mucho mas que una dosis de entusiasmo. Las arengas de buena intención o las declaraciones de mejores tiempos, deberán enfrentar el paso del tiempo sin que nada a su alrededor de indicios de un posible cambio.

Esperar en estos escenarios pondrá a prueba nuestra fe, aquella que da testimonio inequívoco de nuestra confianza, afectada por las diversas realidades que ante nuestros ojos parecen indicar que este camino es infructuoso. Perseverar a pesar de toda señal de muerte, es la decisión valiente que no todos están dispuestos a tomar, abandonando el camino con frustración, sin fuerzas, resignado por completo.

La esperanza honra a quienes supieron esperar, en medio de situaciones complejas, difíciles, adversas, mostrando que el coraje y la determinación es la elección de quienes aprendieron a conocer en el camino al Eterno. Reconocer estas cualidades es necesario, para quienes enfrentados con el gigante opresor del desánimo y el desencanto, optan por seguir esperando, confiando, permaneciendo en una esperanza que lejos de avergonzar, dará testimonio que la espera en el Señor, nunca será en vano.

Tu rol en el cuadro.
Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1.- ¿En qué circunstancias te ha costado seguir esperando el accionar del Señor?

2.- Si la espera es desafiante, cuando lo que esperas no llega ¿cuáles son las actitudes que has demostrado?

3.- En tus memorias recuerdas algún episodio que desafió tu espera ¿qué aprendiste de esa experiencia?

4.- Los escenarios desfavorables siempre ponen a prueba nuestra fe. Al examinarte, ¿consideras que pasaste la prueba?

5.- La esperanza demanda enfrentar con valentía y coraje toda circunstancia desfavorable. En tu experiencia ¿cómo estás enfrentando esos momentos?

6.- Si la esperanza honra a quienes esperan confiando en el poder y el accionar del Señor ¿Has sido honrado? ¿De qué forma?

Acción a realizar
En la espera sé valiente, aguarda en fe, no decaigas.