“Aviva el fuego, conságrate” por Parrish Jácome

Mensaje dominical del 13 de septiembre de 2015

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” – 2 Timoteo 1: 16

El gran panorama
Las empresas latinoamericanas que expandieron su presencia a nuevos mercados aprendieron lecciones que se tornaron vitales para su cultura organizacional. Pensar que el desafío es acercar el producto al consumidor, desconoce la complejidad de convertirse en una opción a quienes están en búsqueda de satisfacer una necesidad.

América Economía destaca en una de sus publicaciones, el crecimiento que muchas empresas de nuestra región están teniendo en el mundo. Estas organizaciones son de composición familiar, donde la segunda generación emprendió el desafío de llevar sus productos a mercados distintos a los tradicionales.

La contribución de esa generación pionera es indiscutible, fueron los visionarios, valientes, atrevidos, que establecieron la empresa, muchas veces, en situaciones complejas y con pocos recursos. La segunda generación partió de este fundamento, emprendiendo el desafío del crecimiento a nuevos mercados, manteniendo vivo aquellas marcas que caracterizaron a los fundadores.

El ámbito de la fe mantiene estas marcas, fundamentales para quienes recibieron el evangelio de padres, hermanos, familiares o amigos. Preservar ese fuego que llegó a sus vidas, proporcionándoles un camino de esperanza, presenta el desafío que no puede olvidarse en ese camino diario.

El fuego no se produce, pero si se mantiene, siendo la responsabilidad de cada creyente preservar lo que le fue entregado. Asumir con responsabilidad los propósitos del Señor, ministrando con amor e integridad los dones recibidos, requerirá esa manifestación indiscutible de la gracia del Eterno, aquella que hace la diferencia y evidencia esa entrega completa al Señor y a su iglesia.

El texto no es pretexto
Las orientaciones que Pablo realiza a su joven discípulo Timoteo, siguen siendo el manual práctico que todo cristiano, discípulo del maestro, miembro de su iglesia, necesita recordar. Conservarlas es vital, indispensable, para quienes llamados a seguir al Maestro, puedan dar testimonio de su accionar con su vida.

El desafío que Timoteo enfrenta al liderar la iglesia de Efeso, demanda ese acompañamiento permanente, donde el consejo, la instrucción, vaya supliendo esos vacíos que por la inexperiencia o el desconocimiento se van evidenciando. Una tarea de todos los días, donde la humildad y disposición, irá permitiendo receptar con avidez la palabra, aquella que al presentarse con calidez y amor, evitará dolores y desencantos.

Pablo asuma su papel, no lo evade, responde al desafío formativo que como discípulo del Señor recibe. Id y haced discípulos, tiene una connotación profunda, donde compartir la palabra, presentar el camino, acompañar el peregrinaje, enseñando y exhortando, es una labor irrenunciable en la formación de auténticos seguidores del maestro.

El método no desecha posibilidad alguna, la tarea se realiza en persona, aprovechando las oportunidades que se presentaban para acercar el consejo, brindar la instrucción y realizar los correctivos. Esta labor también se complementaba con las cartas, el instrumento de mayor influencia en ese tiempo, donde la distancia no impedía ese acompañamiento que se requería.

Timoteo recibe dos cartas pastorales, mostrando la preocupación que el apóstol tenía por el desarrollo personal y ministerial de su joven discípulo. La diversidad de tópicos evidencia la integralidad de la fe, abordando todos los aspectos afectivos, emocionales y espirituales, que debían abordarse con amplitud y frontalidad.

La segunda carta es un acompañamiento directo e intencional a su vida ministerial, donde afirmar su identidad será determinante para enfrentar los desafíos que está viviendo al liderar una comunidad de fe. La relación que el apóstol tiene con su joven discípulo no es superficial, pasajera, las expresiones que usa demuestra ese vínculo estrecho y relacional que existe.

La oración como expresión de intimidad y comunión con el Señor, es el medio para canalizar esas inquietudes que el apóstol está sintiendo por su discípulo. Pablo entiende el poder que tiene la oración, colocando en manos del Eterno a quien recibiendo un encargo importante, necesita la fortaleza que sólo viene del cielo.

La vinculación que el apóstol realizó con Timoteo, le permitió conocer su trasfondo, su historia, trayéndola a la memoria como un elemento fundamental, donde el paso de la fe, estuvo marcado por la influencia de la madre y abuela. Un aspecto determinante en quien asumiendo un desafío, necesita recordar que este caminar no es nuevo, tiene un recorrido familiar que se debe honrar.

El aspecto generacional se marca con fuerza, mostrando que Loyda y Eunice cumplieron su papel, preparando a Timoteo para la vida, donde las oportunidades, desafíos, sinsabores, estarán impulsando o pretendiendo detener los propósitos del Señor. Estas mujeres cumplieron tu tarea, corresponde al joven discípulo del apóstol, cumplir la suya.

Timoteo recibió la fe, el testimonio, la entrega, el compromiso, el servicio, de su madre y abuela, le corresponde en ese paso de antorcha, sostenerla y acrecentarla. Una responsabilidad ineludible, consecuente con el legado recibido, donde la figura de estas mujeres se engrandece, al tornarse en estímulo para afianzarse en un camino que requiere modelos a imitar.

Pablo utiliza todo este bagaje de la historia de Timoteo para desafiarlo, arrancando en este legado que ha dejado muchas huellas, marcas imborrables, capaces de no perderse en el pasar del tiempo. La fe no apareció de manera inesperada, en este joven discípulo llegó desde los primeros años, colocándose con fuerza las verdades que se convirtieron en valores de vidde prestar a practicarse y enseñarse.

El consejo viene de inmediato, “Aviva el fuego” mantenlo y hazlo crecer, cuidando esa relación diaria con el Señor que preserve esa disposición a escuchar, aprender, obedecer. Una acción que demuestra ese compromiso diario con la palabra, elemento irremplazable para desarrollar una labor de limpieza y purificación necesaria.

El fuego tiene una simbología poderosa en las escrituras, vinculadas con esa actividad del Espíritu del Dios viviente, presto a quemar toda impureza, lascivia, enojo, maledicencia, odios, rencores, que van anidándose en el corazón del creyente. Mantener la llama encendida cumple este cometido, convirtiendo en cenizas, aquello que alcanzó presencia y supremacía en la vida diaria.

Timoteo recibe la confirmación de este fuego, la imposición de manos como un simbolismo para quienes son apartados para el ministerio lo corrobora. Desarrollar la obra del Señor requerirá de este fuego, aquel que mantendrá encendido el corazón, en una llama ardiente de amor por el Señor que no se apague, enfrentando las adversidades con la firmeza que la gracia del Eterno está presente.

El desafío que tiene por delante Timoteo, al ser llamado a guiar la comunidad de fe en Efeso, requeriría de este fuego, fortaleciéndolo cuando las situaciones se tornan difíciles, animándolos cuando lo que se espera no llega, empoderándolo para hacer la tarea. Una manifestación de un fuego que proporciona valentía, poder, amor, dominio propio.

El fuego será el que mantendrá los labios de Timoteo ardientes para dar las buenas nuevas, empujándolo a traer palabra de Dios en todo tiempo. Testificar con autoridad es determinante, posible en quienes asumieron el compromiso de cuidar, avivar y expandir aquello que por gracia les fue entregado.

La responsabilidad de quienes recibimos la fe no ha cambiado, asumiendo el compromiso de cuidar nuestra relación con el Eterno, leyendo la palabra, orando sin cesar, dando testimonio de su accionar, sirviendo con amor en su iglesia. Avivar el fuego del Espíritu Santo es determinante, indispensable, en quienes desean cumplir su llamado, alcanzando frutos en sus diferentes etapas y espacios de vida.

Define el enfoque
La responsabilidad que tiene todo discípulo de fortalecer la fe es ineludible, fundamental en la vida de quienes escogiendo el camino del evangelio, están deseosos de conocer al Señor y descubrir su voluntad. Esta vivencia desafiante en el caminar diario demanda un compromiso firme, categórico, presto a emprender las acciones que en nuestra relación con el maestro, no pueden ser olvidadas.

Cuidar este fuego espiritual recibido cuando el Señor llegó a nuestras vidas, es la responsabilidad que tenemos como discípulos, cultivando esa intimidad con el creador, indispensable para que la fe no termine apagándose. Si la fe no es humana, sino una gracia del cielo, el Señor cumple su parte al acercarla, mediante la palabra, siendo nuesteo trabajo, fortalecer y acrecentar su presencia en nuestra vida cotidiana.

Avivar el fuego es necesario, vital en quienes desean conservar esa pasión por el Señor y su obra a pesar de los años, manteniendo ese corazón apasionado, dispuesto, presto a responder a las oportunidades que el Señor mismo, pondrá en el camino. Conservar la llama encendida nos llevará todos los días a su presencia, reconciendo que la oración, la palabra, la comunión con la familia de la fe, permitirá que nuestra mirada se mantenga centrada en Jesús, el autor y consumador de la fe.

Tu rol en el cuadro
Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1.- Cuando recibiste a Jesucristo como Señor y Salvador ¿recuerdas ese fuego espiritual en quien te compartió la palabra? ¿qué te impactó de esa persona?

2.- El fuego espiritual es una marca de quienes son discípulos de Jesucristo ¿cuáles crees que son las evidencias de su presencia?

3.- Si la acción del fuego espiritual es purificar nuestras vidas ¿en que áreas has vivido este proceso?

4.- La responsabilidad del creyente en avivar el fuego espiritual es ineludible. Siendo así ¿qué estas haciendo para que el fuego no se apague y siga cumpliendo su rol en tu vida?

5.- Estas conciente que si el fuego no se aviva se terminará apagando. Al pensar en esto, ¿cuáles son las áreas de tu vida en las que necesitas enfocarte para evitar esta experiencia?

6.- La responsabilidad de avivar el fuego implica acciones concretas: ¿cuáles son los compromisos que estas dispuesto asumir para mantener y propagar el fuego espiritual?

Acciones a desarrollar
Haz tu parte, aviva el fuego.