“Camino nuevo, camino vivo, camino de esperanza” por el Pastor Parrish Jácome

Mensaje dominical del 30 de agosto de 2015

El gran panorama
La escolaridad de nuestros niños creció de forma importante, las estadísticas hablan de un cambio significativo en los últimos 10 años. La deserción escolar descendió en la población infanto juvenil, según las cifras del ministerio de educación hemos pasado de 10.5% en el 2005 al 8% en el 2012 mostrando un avance importante. Fuente Eumed.

El cambio de este patrón abre caminos de esperanza, capaces de traer expectativas para quienes observaron un entorno plagado de miseria y dolor. Acercar la educación a esos sectores olvidados, excluidos, permite la inserción de una comunidad con grandes potencialidades, donde las habilidades o destrezas, están acompañados de esa formación académica indispensable.

En el ámbito universitario los cambios han posibilitado una presencia mayor de becarios en el exterior, otorgando posibilidades a quienes en el pasado no podían acceder a estas opciones formativas. Una experiencia enriquecedora, presta a incorporar a la formación intelectual, aquellas vivencias que en el aula de clases son imposibles de alcanzarse.

Los caminos nuevos siempre enfrentarán desafíos, obstáculos, sinsabores, circunstancias impensadas para quienes sin mayores opciones se encuentran con estos espacios que abren esperanza. Explorarlos siempre será vital, animarse a transitarlos, emprendiendo con valentía las acciones necesarias es fundamental para alcanzar el objetivo, el resultado esperado.

Un camino nuevo es también un camino vivo, donde la dinámica se produce constantemente, confrontando aquellas decisiones que se van tomando, con la seguridad que la lucha y el esfuerzo no es en vano. Caminar con esperanza fortalece, afirma la convicción de seguir avanzando, convencido que la propia experiencia diaria va abriendo oportunidades que en el proceso van formando.

El texto no es pretexto.
Examinar la historia siempre será desafiante, realizar una aproximación considerando aquellos hechos que marcaron una generación, una nación, una época, requiere una comprensión profunda del momento y la circunstancia. Atreverse es la decisión, compleja para quienes enfrentan el temor de la critica o la censura, cerrando el paso o estimulando la búsqueda de una respuesta para el tiempo actual.

Acercarse a la historia con respeto es determinante, reconociendo la contribución que no pasó por alto, dejó huellas, marcas profundas que son imposibles de borrarse. Honrar esas directrices permitirá que su análisis no se desdibuje, aceptando su influencia en quienes siguieron la dirección y el consejo que por su intermedio le proporcionaron.

El ámbito de la fe no escapa a esa realidad, los discípulos del primer siglo tuvieron que enfrentar esta disyuntiva, donde el sistema religioso judío con su esquema de leyes, normativas, reglas, debia ser interpretado a la luz de la propuesta del evangelio de Jesús. Tarea compleja para un grupo incipiente, entusiasta, dispuesto a levantar los valores del reino como el camino a esa vida plena y abundante que el maestro comparte.

Hebreos como obra literaria nos enfrenta con esa realidad, releer la historia y el sistema religioso judío a la luz de las buenas nuevas de Jesús. La destreza que tiene el autor para intercalar las enseñanzas del Antiguo Testamento, en ese camino nuevo y pleno que Jesús presenta, manifiesta el conocimiento profundo que tenía de la ley y sus implicaciones.

Los pasajes del Antiguo Testamento son mencionados en más de ochenta ocasiones, relacionando su enseñanza con las declaraciones que Jesús realizó en su ministerio terrenal. Un comparativo indispensable a quienes se encontraban en esa dubitativa de conservar el camino del judaísmo o abrazar con fuerza y determinación el camino que el Galileo había presentado.

El crecimiento de los discípulos de Jesús, llamados en su momentos “los del camino” en virtud de su profunda convicción de una fe que se va redituando, fortaleciendo, afirmando en las circunstancias que en el diario transitar se están enfrentando. Una concepción de peregrinos, errantes, testigos del poder sobrenatural del amor de Dios, capaz de alcanzar a quienes sin ser pueblo, reciben la gracia de ser invitados.

El movimiento nace en el mundo judío y lucha por superar los antagonismos que se levantan por la presencia de quienes no siendo parte de este pueblo, comienzan a vincularse y hacer presencia. Resulta inevitable examinar el camino que se ha seguido, intocable, sagrado para muchos, olvidando que la llegada de Jesús no es extraña, responde a un anuncio que traería la presencia de un nuevo y mejor pacto.

Levantar a Jesús como el Mesías anunciado, profetizado, toma un papel gravitante en una carta donde su grandeza y superioridad quedarán claramente establecida. Relacionar su influencia y compararla con Moisés fue un paso valiente y necesario, imprescindibles para quienes debían mirar con otros ojos, la trascendencia del Señor, como el más grande sumo sacerdote y camino al Padre.

Establecer este nuevo camino no era sencillo, debía lidiar con las posiciones absolutistas del fundamentalismo judío, incapaz de aceptar y reconocer en Jesús al Mesías anunciado. Un camino oscuro, incierto, con poco recorrido, donde las inquietudes y los temores eran aún mayores, superarlos requeriría certezas, convicciones, prestas a transitar con firmeza por esas sendas que en fe, se van levantando.

Destacar la persona y la obra de Jesús será el camino, argumentar sin respaldo es iluso, irrespeta la trayectoria de un sistema religioso formador de generaciones, donde la esperanza siempre estuvo activa en la espera del Mesías. Certificar que Jesús es ese Mesías es la tarea del escritor, mostrando que en él se cumplen las funciones indiscutibles de gran sumo sacerdote, cumpliendo los dos papeles vitales del sacrifico, presentar el holocausto como sacerdote fiel y ofrecerse como la ofrenda de paz, el cordero perfecto, que en su caso no sólo cubre, sino quita el pecado del mundo.

Hebreos presenta que en Jesús la ley no se quebranta, su cumplimento es a cabalidad, al punto, de llenar por completo los requerimientos y demandas que el ceremonial establecía. La grandeza del Señor está en satisfacer lo establecido una vez y para siempre, mostrando que su sacrificio introducía un camino nuevo, vivo y lleno de esperanza.

El desafío se plantea de inmediato, desconocerlo o minimizarlo sería incongruente con una necesidad que año tras año se presentaba, llenando de temor e incertidumbre a quienes se acercaban buscando el perdón de sus pecados. El camino nuevo es irrefutable, la certeza de conducir al hombre a su destino eterno, acompañándolo en su presente, en sus luchas, en sus sinsabores es incuestionable.

Acercarse con libertad, entrar al lugar santísimo, por la obra de amor en la cruz de Jesucristo, es la invitación que todo hombre recibe. Una invitación a caminar, descubrir, conocer de la mano del sumo sacerdote y cordero de Dios, la maravillosa experiencia relacional de la fe, donde nada está escrito, todo se está construyendo.

Caminar de la mano del Señor es desafiante, transitar por esas sendas que fueron abiertas para recorrerlas con libertad, genera temor, dudas, luchas internas. Confiar en los rituales, colocar su confianza en lo externo, lo que se ofrece, ha sido el camino que los padres inculcaron a sus hijos, reenfocarlo en un camino nuevo, vivo, relacional, no es sencillo, demandará coraje y determinación.

La invitación establece un requisito, único para quienes acostumbrados a reglas y leyes que fueron aumentándose, quedan absortos con la sencillez de la demanda. Corazones sinceros, es lo que se pide en este acercamiento, aquel que posibilite la apertura necesaria para transparentar las luchas, los temores, las carencias, que con una buena conciencia siempre se harán visible, sin el temor que la religiosidad impone por el juicio.

El camino nuevo, vivo, lleno de esperanza, requiere esa firmeza en no desmayar, conservar la mirada en el Señor en medio de las aflicciones y adversidades, que estarán presionando para sacarnos de la senda. Un camino que no se recorre sólo, existen miles de transeúntes, peregrinos, caminado con la certeza que las promesas del resucitado, no quedaron en el pasado, son presente y son futuro, son reales y son concretas, son actuales y son vigentes.

Caminar de la mano del Señor y en comunión con la iglesia es el desafío diario, reconociendo el papel que en este diaria travesía tiene la cabeza de la iglesia, Jesucristo y su cuerpo, la comunidad de fe. Un camino que no siempre se presentará limpio, claro, sencillo, contrariamente buscará desafiar nuestras convicciones para evidenciar que en la profesión de nuestra esperanza, cada día estamos más seguros.

Define el enfoque.
En la construcción de la esperanza el camino es determinante, otorga la dirección requerida para no experimentar, menos aún explorar opciones que lejos de aportar, terminarán por confundir o desanimar. El camino de la esperanza está trazado, establecido en su fundamento que no varía, contrariamente tiene la capacidad de responder con la misma fuerza y actualidad a quienes siguen en esa constante búsqueda.

Jesús, camino, verdad y vida, toma esa responsabilidad de conducirnos en este peregrinaje, atractivo, desafiante, capaz de ir construyendo paso a paso en las circunstancias que se deben enfrentar, los bordillos que van asegurando la ruta. Un camino dinámico, donde las respuestas del pasado, necesitan ser pertinentes al presente, partiendo de aquellos valores del reino que siguen intactos.

El camino de la esperanza es relacional, conocer a Jesús es la clave, descubrirlo de forma diaria proporciona la certeza que en las dudas o temores será el faro que alumbrará la senda. Un cambio de enfoque, un cambio de dirección, en quienes se acostumbraron a los ritos para llegar al Eterno, la propuesta del maestro es acercarse con libertad, honestidad, transparencia, en una vinculación que va afirmando y desechando, fortaleciendo y desvaneciendo, seguros que al estar en Jesús y con Jesús, la esperanza no es una ilusión y es una hermosa y constante realidad.

Tu rol en el cuadro
Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1.- En nuestro caminar de fe, encontrar caminos siempre será desafante, siendo así ¿cuál ha sido el fundamento para encontrarlo?

2.- El camino religioso establece ritos, normas, leyes a seguir; al conocer a Cristo existieron cambios en este enfoque ¿de qué forma?

3.- Un corazón sincero abre caminos, establece puentes de diálogo ¿Has cultivado en tu relación con Dios y con otros esta característica? ¿Cómo lo estás haciendo?

4.- El camino de la esperanza es relacional, conocer al Señor, escuchar su consejo, seguir su instrucción, no es sencillo ¿Qué estás haciendo para construir la relación con el Señor?

5.- Si Jesús es el camino, estar con él y transitar con él, es la única garantía para no equivocar la senda. En tus decisiones diarias ¿de qué forma la presencia de Jesús se expresa?

6.- El camino de esperanza es un camino de fe y paciencia. Al evaluarte en estas áreas, ¿cuáles son los aprendizajes y desafíos?

Acción a realizar
Afirma las promesas, confía en el Señor, camina sin detenerte.