Crisis migratoria, desplazamientos y expulsiones

El impacto social que están enfrentando varios países de Europa, al recibir de forma constante multitudes de refugiados del Medio Oriente, levanta posturas antagónicas entre quienes respaldan una medida de asilo o la rechazan de forma contundente. Una realidad imparable que a pesar de las regulaciones establecidas, poco o nada han contribuido a detener este constante éxodo.

La ola de migrantes africanos que buscan llegar a las costas europeas, donde cientos de hombres y mujeres buscan diariamente pasar el estrecho de Gibraltar, procurando alcanzar en pequeñas embarcaciones, frágiles y sin ninguna seguridad, la posibilidad de llegar al viejo continente, es otra realidad imparable. Quienes logran alcanzar este objetivo, enfrentan de inmediato el desafío de aprender a convivir en una tierra que con frecuencia, no son bienvenidos.

La reciente decisión del gobierno venezolano de cerrar la frontera en el estado de Táchira, con la finalidad de impedir el paso de migrantes colombianos que escapan de la guerrilla o el narcotráfico, levantó otro foco de atención. La ciudad de Cúcuta, del departamento del Norte de Santander, recibió en estos días 7162 colombianos, que han sido deportados o emprendieron retorno a su país, por temor a perder sus pocos enseres que habían alcanzado.

Los rostros y las realidades de la migración son tan diversos, empujados por crisis sociales, económicas, militares, religiosas, donde el instinto natural de la supervivencia, empuja al ser humano a enfrentar peligros y vicisitudes, para conservar la vida. La declaración de los derechos humanos, aprobada a raíz de hechos execrables que en el pasado dejaron miles de víctimas, sigue mostrando su incapacidad frente a estas movilizaciones masivas e imparables.

Los países receptores de esta migración han procurado cerrar sus fronteras a este éxodo humano que no saben como manejar. Desconocer esta crisis es imposible, mirar la muerte de seres humanos en estas condiciones como algo natural, sigue deshumanizando a una generación que vive sin cuestionar estos hechos, o peor, sin darle importancia.

El cuadro desolador que enfrentamos sigue cabalgando aceleradamente a una pérdida de valores, donde la vida humana continua en su constante depreciación, donde los bienes fueron posesionados por encima de la existencia. Pensar que la migración va a reducirse es iluso, las condiciones están dadas para que su crecimiento sea exponencial, requiriéndose enfrentarlo de forma conjunta, manejarlo de forma aislada seguirá mostrando su ineficacia.

Los desplazados o los expulsados son parte de una misma realidad, pensar que el cierre de fronteras es la solución, sigue evidenciando el desconocimiento de una problemática que nos superó por completo. Las decisiones que se tomen en Europa y en América, serán una oportunidad para desarrollar acciones conjuntas que procuren acompañar una ola de movilización humana que no va a desaparecer, se va a incrementar. Esperemos que al final se reconozca el valor de la vida humana, por encima de todo bien o recurso, que por útil que sea, no puede estar sobre la existencia del ser humano.

Pst. Parrish Jácome H.