Cuida tus pensamientos, conságrate

Texto: Filipenses 4: 8

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

El gran panorama

El número creciente de suicidios en algunas ciudades, donde las condiciones de vida superan los indicadores mínimos de calidad establecidos por las organizaciones que se dedican a su estudio sigue sorprendiendo. Japón es uno de los países con los porcentajes más altos, focalizados en la población joven que por diversas causas toma esta fatal determinación.

Novelas japonesas han levantado esta problemática social dando a conocer una realidad que no es ajena a otras países. La cantidad de suicidios en el Ecuador también ha experimentado un crecimiento, manteniendo un patrón similar al de otras naciones que lloran sus muertos jóvenes.

Enfrentar esta problemática ha sido desafiante para las instituciones gubernamentales que exploran con diversos programas para fortalecer la identidad y autoestima del joven, al punto de poder enfrentar estos pensamientos y desecharlos. Una labor nada sencilla para quienes luchan diariamente con estas ideas, cayendo preso de estas emociones que terminan por desencadenar acciones fatales.

El escenario también nos permite aprender del otro sector, aquellos que supieron lidiar con esos pensamientos y los superaron, dejando atrás esa sombra oscura que en su momento quiso instaurarse en sus vidas. La lección es determinante para señalar que los pensamientos no son mandatarios, levantan inquietudes, presentan alternativas, sugieren acciones, siendo la voluntad que es un ejercicio donde intervienen varios factores quien finalmente se pronuncia ejecutándolo o desechándolo.

Las escrituras levantan clara enseñanza en este sentido, los pensamientos pueden y deben ser canalizados, orientados, guiados, una decisión fundamental para evitar esa influencia que logra desestabilizar o confundir las emociones humanas. La mente debe ser cultivada, acercando el consejo de la palabra que aleja todo pensamiento nocivo, contrario al principio fundamental de la vida, vida plena, abundante y eterna.

El texto no es pretexto.

Las cartas pastorales del apóstol Pablo toman una importancia capital para las nacientes congregaciones. El entusiasmo evidente que la palabra ha traído a sus vidas, tiende a oscurecer una realidad que lentamente comienza a manifestarse, evidenciando una realidad incuestionable de la convivencia humana, donde los patrones de conducta luchan por conservarse.

Las orientaciones del apóstol son fundamental para acompañar estos procesos donde los nuevos creyentes están siendo desafiados a caminar bajo los valores del evangelio. Enfrentar las dificultades requiere ese acompañamiento indispensable para no perder el camino que se ha decidido transitar.

Los escenarios son distintos para cada comunidad de fe, la disposición, obediencia, que unas van teniendo frente al consejo e instrucción de la palabra van dejando una marca incuestionable por su receptividad. En otros casos los procesos deben enfrentar un caminar más lento y con muchas adversidades, donde el temor se apodera de sus corazones.

Pablo entiende esta dinámica buscando los medios que tiene a su mano para seguir fortaleciendo la vocación cristiana, donde el seguimiento al maestro en la vida cotidiana es fundamental en su caminar. Una experiencia que potencializa el valor y el aporte que el evangelio produce en cada vida, no se trata de cumplir con ritos, la vida plena, abundante y con propósito es la finalidad del evangelio.

Filipenses es una comunidad de fe particular, sobresale casi de inmediato por su respuesta al evangelio, donde la dimensión de la vida se visualiza mediante el gozo que debe caracterizar la presencia del Señor. Un elemento gravitante en toda esta carta, manifiesto en las diversas enseñanzas e instrucciones que el apóstol va a impartir.

El capítulo cuatro arranca con un llamado muy particular, distintivo en los discípulos del Señor, determinante para enfrentar las adversidades y dificultades que en este caminar se van a producir. Palo entiende que el desánimo siempre estará rondando, las ideas de abandonar la carrera es una realidad en quienes han sido heridos por el servicio en el evangelio.

Permanecer en el Señor, estar firmes, es la exhortación que el apóstol realiza a una comunidad de fe que a pesar de sus características muy particulares de entusiasmo, vitalidad, compromiso, también enfrentó situaciones frustrantes. La firmeza en quien los llamó es lo único que les permitirá seguir adelante, continuar en la carrera, no dejarla sin alcanzar la meta.

La necesidad de fortaleza se desprende de situaciones concretas, donde las relaciones interpersonales terminan siendo el elemento gravitante para desvincularse de la fraternidad y compañerismo. Una clara lección para quienes sirviendo juntos deben entender que los roces, desavenencias, discrepancias, van a producirse, requiriéndose la madurez de enfrentarlas.

Evodia y Síntique, dos mujeres que sirvieron juntas, caminaron con el apóstol, están enfrentadas por diferencias que al parecer se ahondaron produciendo una separación que no sólo les afecta de forma personal, sino también, lacera la comunión en la congregación. El llamado a ser de un sólo sentir es vital para recordarles que el distintivo del evangelio es su capacidad de superar las individualidades, abrazando un proyecto común, de todos.

La exhortación también lo involucra a Timoteo, quien es desafiado a tomar parte en esta discrepancia, siendo ese puente que logre unificar a estas dos valiosas mujeres que combatieron con Clemente y con el apóstol Pablo en la extensión del evangelio. Lo acontecido con estas dos creyentes es una imagen clara de lo que con frecuencia ocurre en el servicio, necesitándose la intervención de hombres o mujeres maduros para ayudar a reencontrarse, abandonando las posturas que los separaron.

La preocupación de Pablo por este incidente se retoma más tarde, luego de abrir un espacio donde el bálsamo del gozo es presentado como el medicamento efectivo para toda situación de la comunidad de fe. El gozo en el Señor, como una expresión de convicción que descansa en la providencia y capacidad que tiene el Maestro de resolver aún las circunstancias más adversas, es el camino al cual se apela.

El gozo no puede reducirse a una emoción chispeante, efervescencia que pronto desaparezca, evitando observarlo en acciones tangibles que dejen un testimonio inconfundible de la fe. La gentileza como una manifestación de servicio es presentada, llevándose a cabo en tiempos agradables, como en desagradables, con quienes nos sirven, como con quienes estamos distanciados.

Una demanda que se une con una verdad inminente, “El Señor está cerca” elemento gravitante para recordar a quienes enfrentados en el calor del servicio se han lastimado. En este ambiente los pensamientos van a jugar un papel fundamental, las ideas comenzarán a llegar procurando sugerir o afirmar lo que regularmente no es verdad.

Pablo busca contrarrestar este peligro, animando a que los creyentes no den espacio a este tipo de pensamientos. No se trata sólo de buenos deseos, intenciones, se deben realizar decisiones concretas que den evidencia de pasar de esta etapa de conflicto, dolor, amargura, a una etapa propositiva, donde lo que se procese en la mente sea algo intencional y edificante.

El llamado es claro invertir tiempo cultivando pensamientos que fortalezcan los valores de esta nueva vida, donde lo honesto, puro, justo, aquello que sea verdadero y no lastime ni haga daño debe ser lo que con frecuencia se este cultivando. Una decisión fundamental para quienes han decidido caminar con integridad, dejando huellas de la presencia del Eterno en sus vidas.

Cuidar los pensamientos es vital, trascedente para quienes desean alejar de las vidas la raíz de amargura, capaz de secar las buenas intenciones, matar el corazón servicial, envolviendo al creyente en una espiral de frustración y constante desencanto. La solución está prevista, requiriéndose la determinación de invertirse de forma intencional en todo aquello que sea bueno para la edificación y el crecimiento.

Los pensamientos deben ser alimentados, influidos, acercando de forma constante el consejo e instrucción de la palabra. Este proceso debe ser sistemático, capaz de construir una disciplina diaria, donde constantemente se está fortaleciendo una nueva forma de pensar, presta a filtrar las ideas nocivas que al llegar sin pedir permiso, son rechazadas al no corresponder a lo que se ha decidido cultivar.

Define el enfoque

Cuidar los pensamientos debe ser la responsabilidad de todo creyente, invirtiendo su tiempo en acercar la palabra, descubrirla, interiorizarla, reconociendo que es fuente inagotable de donde brota la verdad que contrarresta patrones antiguos y nocivos del pasado. Un proceso que no puede esperar, debe cultivarse de forma permanente, sin tregua ni descanso, entendiendo una dinámica que a consecuencia de las relaciones interpersonales siempre se producirá.

El desafío de este cuidado es permanente, debido a los roces, fricciones, heridas que constantemente se producirán en las relaciones interpersonales. Recordar el camino es imprescindible para no tomar atajos, ni pretender desconocer una realidad innegable, que dejará huellas de dolor si se las desconoce en el caminar diario.

El llamado a la consagración no puede dejar de lado los pensamientos, si su influencia es determinante para sugerir acciones que pueden terminar afectando o enfermando, entregarlos al Señor es imprescindible. Una decisión que debe ratificarse cada día en diversos momentos de la jornada, donde la elección será honrar o avergonzar, perseverar o desistir, vivir con abundancia o existir con amargura.

Tu rol en el cuadro

Considera las siguientes preguntas, reflexiona en cada una de ellas y responde con honestidad.

1.- Qué pensamientos han llegado a tu mente, cuando en las relaciones interpersonales te has sentido lastimado o herido?

2.- El mayor desafío que enfrentamos es procesar los pensamientos que llegan a nuestras vidas cuando somos heridos; Lo has hecho, De qué forma?

3.- Los pensamientos sugieren, animan, afirman, generando una atmósfera nociva que contamina y seca el corazón; Al pensar en tu vida puedes decir que los has vivido; Cuales han sido las consecuencias?

4.- Quien cambia sus patrones, cambia sus pensamientos; En tu vida cotidiana estas invirtiendo tiempo para hacerlo; Cuales han sido los resultados?

5.- Cultivar nuestros pensamientos a lo que edifica es fundamental, fortalece las convicciones de la vida cristiana; En tu caminar diario lo haces; Cuentas con un plan o una metodología?

6.- Estas conscientes que los pensamientos deben ser cultivados e influenciados para lo que edifica; Qué acciones tomarás para que esto acontezca?

Acción a realizar

Se intencionado, cultiva tus pensamientos.

Pastor Parrish Jácome Hernández