El corazón, consagra siempre el corazón

Afirmar que todo nace y todo muere en el corazón, nos plantea una comprensión más profunda de su papel y lugar en la vida humana. Reducir su influencia a lo biológico, deja de lado su contribución a las decisiones que diariamente los hombres toman, donde el espíritu y el alma, también están involucrados.

Los antiguos relacionaban todo con el corazón, los pensamientos, los deseos, los anhelos, los compromisos, las renuncias, eran presentadas como acciones que eran movilizadas por su influencia. Nada estaba desvinculado de su aporte, siendo así el consejo bíblico es abundante en cuidar, resguardar, proteger, entendiendo que el mismo puede ser afectado o seducido con facilidad.

El corazón es presentado como engañoso, difícilmente podemos confiar en sus impulsos o deseos cuando estos no están sometidos a la dirección del Señor. Una decisión que se reafirma en el diario vivir donde toda emoción debe pasar por confrontación que la palabra siempre traerá a nuestras vidas, trayendo la confirmación o rechazo a lo que venimos considerado.

Si el corazón es el centro de la vida y su influencia es vital para el desarrollo de la vida, la necesidad de consagrarlo al Señor es indispensable, no podemos caminar sin entregarlo, rendirlo, someterlo a los propósitos del creador. Realizarlo evitará que las emociones tomen un papel o lugar que no le corresponde, manteniéndose siempre bajo la dirección del Eterno, quien siempre tendrá planes de bendición y progreso para sus hijos.

Parrish Jácome