En el día de la angustia, fortaleza y refugio – Pastor Parrish Jácome

Mensaje dominical del 22 de noviembre del 2015.

Texto: Salmos 28: 8

El gran panorama

Los atentados terroristas en París, perpetuados hace pocos días, reafirma la preocupación mundial por una ola de violencia que no se detiene. Una noche que no se olvidará fácilmente para los residentes de una hermosa ciudad, acostumbrada a una agitada vida nocturna, donde la agenda semanal siempre es abundante.

Concluir un fin de semana con 128 muertos y más de 200 heridos es un saldo trágico, doloroso, para quienes deben procesar las causales, donde las aparentes razones o justificativos, jamás podrán ser aceptados por quienes aman la paz y la vida. Pensar que las ideologías o las expresiones de fe religiosas puedan estar entremezcladas, para auspiciar o sustentar estas incursiones, resulta inadmisible.

La respuesta del gobierno Francés también levanta preocupación, reavivando una ley tan antigua, donde la violencia se espera combatir con más violencia. La historia no se equivoca, quienes fueron por ese camino terminaron desgastados, alimentando sentimientos que terminan por afectar a quienes los cultivan de forma diaria.

Encontrar paz en estas circunstancias no es sencillo, las primeras reacciones son justicia inmediata, por su propia mano, donde el deterioro e irrespeto de la vida se sigue acrecentando. Reconocer la fragilidad del ser humano es determinante, fundamental, para quienes en esas experiencias buscan aquietar esos dolores que producen frustración y desencanto.

El denominado progreso del hombre sigue en tela de duda, si bien la ciencia y la tecnología han avanzado, la convivencia humana no, manifestando que las pasiones y desenfrenos siguen su curva ascendente. Allí es donde la presencia del Eterno es determinante, sólo él puede traer ese refugio y fortalece que se necesita, mostrando que la espiritualidad no puede ser desatendida, menos aún olvidada, la necesidad de conocer y caminar con el Creador es incuestionable.

 

El texto no es pretexto

La poesía tiene esa capacidad de retratar episodios de la vida, compartiendo aquellas vivencias, experiencias, prestas a señalar las diversas emociones que se están albergando. El escritor libera sus sentimientos cuando vacía sobre un papel sueños, anhelos, dolores, manifestando de forma directa o figurada lo que desea expresar.

Las variantes de la poesía matizan de forma particular los rasgos que el escritor desea plasmar, utilizando la rima, manteniendo la simetría, haciendo gala de la lírica, o en otros casos, asumiendo la narrativa como un instrumento para presentar una circunstancia que le está aquejando.

El uso de la poesía en la literatura es abundante, recurriendo a esta forma, a este estilo, para recrear momentos que necesitan manifestarse, donde el escritor no se esconde, se deja conocer por este medio. La poesía como medio de comunicación es rica en el uso de las figuras e imágenes que alumbran el entendimiento de quien acercándose a sus letras, termina por ser atrapado e insertado en la trama.

Los salmos nos permiten disfrutar de la poesía en la literatura sagrada, mostrando que la realidad humana no se divorcia de esa relación, donde la criatura hace visible esa condición que la diferencia de los otros seres vivos. Buscar al Eterno, llamarlo, compartirle sus angustias, encontrará en la poesía una forma válida de manifestarse.

David, el salmista, tiene esa capacidad de recrear su faceta artista, músico y poeta, integrando en diversos momentos la prosa, como un elemento innato en sus escritos. Escribir de sus vivencias posibilita la identificación, necesaria para quienes atravesando por momentos difíciles, críticos, considerados sin salida, no logran articular espacios para ser transitados.

La poesía del salmista atrapa, vincula de inmediato, al presentar aspectos de la cotidianidad, donde la angustia, los sinsabores, con frecuencia están tocando a las puertas de nuestro caminar. Quien toma contacto siente la transparencia y honestidad del escritor, percibiendo de inmediato que este medio refleja la realidad de su corazón.

Las facetas de rey y militar se oscurecen, al mostrarse débil, falible, requerido del Dios de sus padres y de su pueblo, a quien con frecuencia busca, anhela, llama, manifestando su profunda necesidad del Eterno. El acercamiento es en primera persona, quien demanda su presencia es el mortal, hombre como todos, presto a transparentarse sin reserva alguna.

La relación del salmista con el creador es visible, manifiesta en su forma de acercarse y compartir su realidad. El diálogo que la poesía propone es una plática entre quienes se conocen, donde la confianza estimula a ser preciso, directo, trayendo con precisión las inquietudes o preocupaciones que están aquejando el corazón.

Los momentos siempre son diferentes, reflejando el impacto de circunstancias o vivencias que se las percibe cuando nos golpean de forma muy cercana. Cuando uno necesita ser escuchado, el mayor deseo es encontrar respuesta, aquella que se produce sólo en vida, independiente de las emociones que se están enfrentando, existe la seguridad que se puede encontrar.

La muerte por su parte es el final, el término, la conclusión de todo un caminar, donde todo se termina, independientemente de la etapa o el proceso que se estaba enfrentando. Las respuestas cesarán, no podrán demandarse, produciéndose un silencio que oscurece la alegría, donde la oscuridad de la separación provoca su impacto.

David quiere los beneficios de la vida, aquellos que no siempre se reconocen, se aprecian, se validan, los que se toman conciencia, cuando somos enfrentados a la separación súbita o inesperado de una persona cercana. Clamar al Señor es una bendición de la vida, seguro de que al llamar al Eterno seré escuchado y su pronta respuesta, no se hará esperar.

El salmista clama por la vida, pide que esa vida no le sea arrebata, anhela vivir como quien deseoso de llevar a cabo planes, proyectos, se aferra a la existencia. Si hay quienes deben morir que sean los malos, quienes no caminan de tu mano, los que hacen iniquidad, una convicción muy profunda del escritor que la deja brotar con espontaneidad en su poesía.

La lucha con la maldad y con quienes hacen lo malo no es esporádica, se convierte en una experiencia permanente, capaz de mover las emociones, generando esas sensaciones de temor o duda que deben

enfrentarse. Recurrir al Eterno siempre será necesario, derramando ese corazón que no encuentra paz, quietud, al observar que no siempre los malos son los que mueren, concluyendo sus días los justos cuando menos se esperaba.

La presencia del Eterno en esos momentos duros e inesperados, traerá ese bálsamo que nada, ni nadie, puede provocar. La palabra, la respuesta, la manifestación de su gracia, es suficiente para que la oscuridad se disipe, reinsertándose en esa dinámica donde la esperanza es vital para seguir caminando, esperando, luchando por quienes todavía nos acompañan en esta vida.

Jehová es mi fortaleza y mi escudo, profunda declaración de quien ahogado por el dolor y la ansiedad, necesita reafirmar esas convicciones que al conocer al Eterno de forma personal, hicieron un antes y un después en su vida. El corazón agobiado regresa a la alegría, al cántico, a las manifestaciones vivas e incuestionables de confianza en el Señor.

Jehová es la fortalece de su pueblo, expresión que reconoce la dimensión comunitaria de la fe, no se trata sólo de experimentar y disfrutar al Eterno en mis momentos personales, contar con él como pueblo, como familia, como iglesia, marca una pauta que nos involucra, nos hace participe a todos. Allí es donde las peticiones como cuerpo son levantadas con la fuerza de una multitud que da voces de súplica, dolor, quebranto, buscando respuestas.

Alcanzar la fortaleza y el refugio que aquiete el corazón, traiga paz en medio de la incertidumbre, es una garantía a quienes confiando en el Señor, descansan en sus promesas. La seguridad de su presencia permitirá que el cuidado, protección y acompañamiento del Eterno, se deje sentir en todo momento, en los complejos, al igual que en los de quietud, mostrando su impacto y trascendencia en la vida de su pueblo.

 

Define el enfoque

El denominado día de la angustia, encuentra en la muerte a su mayor exponente, nada más intenso y doloroso que la separación, el final, donde todo concluye para entrar en una etapa de luto impredecible. Procesar esta pérdida es compleja, imposible determinar el tiempo que llevará superarla, pasando por diversas etapas que requerirán paciencia y amor.

Quienes quedan luchan con la ansiedad que esta experiencia siempre trae, acentuada cuando la muerte golpea a personas muy cercanas. Buscar al creador para recibir respuestas es indispensable, clamando, gimiendo, presentando aquel dolor que necesita ser acompañado. Una experiencia que no logra entenderse cuando la lógica se resiste aceptar la pérdida de quien esforzándose y procurando vivir con honestidad parte, cuando miles de hombres que practican la maldad siguen caminando.

En las experiencias dolorosas la presencia del Señor es indispensable, alcanzando esa fortalece que sólo él puede dar, asumiendo ese refugio que en su palabra encontraremos para seguir adelante. La convicción que sólo en el Eterno está nuestra fortaleza y refugio permitirá que en el día de la angustia le busquemos, nos acercamos con honestidad, expresemos nuestro dolor y le permitamos a él, acompañarnos, consolarnos y pastorearnos como en ese tiempo requerimos.

 

Tu rol en el cuadro

Considera las siguientes preguntas, reflexiona en cada una de ellas y responde con honestidad.

1.- ¿Cuáles han sido tus primeras reacciones frente a la muerte de un ser querido, o una persona cercana?

2.- Si la muerte es separación, conclusión de toda labor; ¿Cómo enfrentar el luto que produce una pérdida irreparable?

3.- En el caminar diario, ¿Qué se necesita reafirmar para que los temores a causa de la muerte se superen?

4.- Expresar el dolor ante la muerte es indispensable; ¿Te has atrevido a manifestarlo o te cuesta expresarlo y lo reprimes?

5.- La fortalece del Señor en el día de la angustia es fundamental; ¿De qué forma has podido experimentarla en los momentos difíciles?

6.- Fortaleza y refugio es la promesa de Dios para el día de la angustia; ¿En qué áreas o circunstancias puntuales las estás requiriendo?

 

Acción a realizar

No te afanes por la muerte, confía en el Señor.