“En la angustia acompaña, comparte la carga” por el Pastor Parrish Jácome

El gran panorama

La gresca protagonizada hace pocas semanas en la zona rosa de la ciudad levantó severas condenas en la ciudadanía. Un video difundido por las redes sociales mostraba la forma inhumana que varias mujeres agredían a otra, utilizando armas corto punzantes que terminaron por afectar y comprometer gravemente el rostro de la afectada.

Las primeras informaciones que comenzaron a divulgarse, mostraban cortes en diversas partes del cuerpo, donde las suturas realizadas dejarían cicatrices profundas. El aspecto emocional fue gravitante, superar los recuerdos de un hecho doloroso no sería sencillo, requeriría la ayuda de profesionales que estén dispuestos a realizar una tarea de acompañamiento.

La solidaridad toco a las puertas de esta joven, recibiendo la ayuda de un cirujano plástico que se ofreció para brindarle las operaciones necesarias para atenuar el impacto de esta brutal agresión. Los resultados con el pasar de las semanas comenzaron a mostrarse, brindándole la oportunidad de reconstruir todo el tejido que había sido afectado.

La compañía de familiares, amigos y personas de buen corazón ha sido determinante para esa recuperación que va alcanzando. Las muestras de apoyo que ha recibido luego de expresar su angustia son una evidencia clara que frente al dolor siempre necesitaremos ser acompañados, animados, recibiendo esa palabra de consuelo y estímulo que en estas circunstancias no puede faltar.

La capacidad que tiene la adversidad para desestabilizar emocionalmente es indiscutible, provocando esa sensación de soledad, inclemencia, desamparo. Enfrentar este camino solo no debe ser la elección, sobrellevarlo con la presencia de otros será determinante para superar una angustia que debe alcanzar su consuelo y fortaleza. La elección siempre estará a la mano, reconociéndose como una persona vulnerable, requerido de ese acompañamiento que siempre hará la diferencia.

El texto no es pretexto.

El episodio que Jesús vive en Getsemaní alcanza una trascendencia fundamental en su ministerio. La narrativa busca rescatar cada momento, circunstancia, matizando los diferentes aspectos que intervinieron en una trama donde la figura humana del maestro aflora para mostrarnos la lucha interna que en los creyentes siempre va a provocarse.

La necesidad de estar a solas con el Padre es incuestionable, había concluido la celebración de la Pascua con sus discípulos, donde sentarse a la mesa tuvo un significado especial. Cada momento se vivió intensamente, redescubriendo un ritual antiguo, determinante en el accionar liberador del Eterno de Egipto, a la luz de una manifestación plena de amor que en poco iba acontecer.

Los anuncios por parte del maestro no iban a faltar, dejando esa estela de tristeza y dolor en una mesa conmemorativa. Judas Iscariote escucharía la afirmación que reconocía su traición, saliendo abruptamente para cumplir su cometido. Pedro, impetuoso y aguerrido discípulo sería prevenido de la negación que en poco también realizaría de su maestro.

Una tensión emocional muy fuerte para un hombre que invirtió su tiempo, fuerzas, energías, en dar a conocer las buenas nuevas de salvación. Encontrar refugio en la oración es la decisión que de inmediato emprende, manifestando esa necesidad profunda de compartir su carga y recibir fortaleza por parte del Padre celestial.

Getsemaní, un huerto de olivos, caracterizado por sus grandes plantaciones, fue el lugar que el maestro elige para ese encuentro con el creador. La distancia de donde había celebrado la Pascua no era mucha, recorriendo en pocos minutos el espacio que los separaba para llegar a ese lugar donde todo se detendría para ese momento determinante.

Los discípulos estaban presentes, la característica figura del maestro con sus doce no se rompe, ellos lo acompañaban a esta jornada especial. La diferencia se produce de inmediato cuando les pide a tres de los presentes que lo acompañen a otro lugar, mientras los otros aguardarían a su regreso.

Las indicaciones se las manifiesta de inmediato, la separación no tenía otra finalidad que ir a orar, buscar al Padre, compartirle esas angustias que en el interior de su ser le estaban causando una agonía incuestionable. Nueve permanecen sin otra responsabilidad que esperar, mantenerse en ese sitio hasta que el maestro y quienes había solicitado, retornaran.

Pedro y los hijos de Zebedeo, estos son Juan y Jacobo, fueron quienes lo acompañaron a ese lugar donde buscaría dirección y fortaleza en el padre. La elección no sorprende, en otros momentos habían sido partícipes de momentos especiales en el ministerio de Jesús, mostrando ese apego, proximidad que existía entre ellos.

Jesús necesita compañía, apoyo, quienes mejor para dársela que sus discípulos más cercanos, aquellos que podrían entender la razón y propósito de su presencia en ese lugar. La respuesta de los discípulos mostraría mediante sus acciones si estarían a la altura, comprendiendo el peso emocional que su maestro y porque no decirlo, su amigo, Jesús estaba enfrentado.

La solicitud por parte del maestro fue clara, no se trató de una simple instrucción que se limita a exponer lo que debe realizarse, encubriendo lo que en su interior está aconteciendo. El pedido manifiesta el dolor que se está atravesando, la tristeza que se está enfrentado, los temores que están avanzando, el maestro no dudo en demostrar su fragilidad humana a sus cercanos compañeros de ministerio.

Quedaos aquí y velad conmigo. Categórica expresión de quien necesita sentir la presencia de sus amigos, aquellos que requieren manifestar su apego en momentos difíciles. La necesidad de no sentirse solo era clara, el momento ameritaba esa compañía de personas muy especiales en la vida del maestro.

La oración de Jesús evidencia la carga emocional, aquella lucha donde la naturaleza humana se manifiesta, al punto de reconocer que su deseo no se apegaba a la voluntad del Señor. Un clamor que no puede esconderse, desdibujarse, espiritualizarse, cuando no se reconoce que el camino propuesto por el Eterno demandará sacrificios y entrega.

Lidiar con esta tensión no es sencillo, el espíritu dispuesto a obedecer procura encausar la decisión, mientras que la naturaleza humana se niega a transitar por un camino donde la renuncia a sus derechos es inevitable. Un cuadro que se repite con frecuencia cuando el llamado o la invitación que el maestro realiza implicará tomar decisiones firmes a pesar de su costo.

El retorno a buscar a los discípulos es clave, la presencia de ellos y su respaldo en oración que les ha sido solicitado, necesita sentirse por el maestro. La imagen que se encuentra no fue la mejor, los minutos que habían transcurrido no fueron usados para interceder, permitiendo que el sueño los venciera y terminaran por quedarse dormidos.

La exhortación a Pedro busca levantar conciencia de la importancia de este respaldo, hay una necesidad, el apoyo espirtual y emocional es determinante. El tiempo pasa, el maestro regresa a buscar fortaleza en el Señor y al retornar encuentra a los discípulos una vez más dormidos.

Reconocer que no siempre hemos estado a la altura de las circunstancias es necesario. Aceptar que no siempre logramos entender el dolor, la angustia, nos moverá a ser diligentes cuando en otro momento se presente. La adversidad necesita ser acompañada, disponiendo siempre el tiempo y las actitudes adecuadas para ser esa manifestación de gracia que frente a un momento de turbulencia se requiere.

Solicitar la ayuda, la compañía, debe ser la tónica de quienes enfrentando una situación compleja no callan, abren su corazón, transparentan su tristeza, pidiendo con humildad ese respaldo que es indispensable. Responder con solicitud es la muestra inequívoca de quienes sintiéndose parte de la familia, del pueblo de Dios, estarán dispuestos a darle la prioridad e importancia que este pedido demanda.

Define el enfoque

La necesidad de ser acompañado en el tiempo de angustia no puede ser accidental, fortuito, responde a una realidad que en la vida es incuestionable, al reconocer la necesidad de afirmación, consejo, orientación que requerimos. Este acompañamiento debe ser espontáneo, genuino, capaz de mostrar un interés sincero en quienes están enfrentando momentos difíciles.

Solicitar la ayuda es imprescindible, mantenerse en silencio mientras las circunstancias avanzan no contribuye, afecte ese sentido de cuerpo, familia, fundamental en la comprensión de un evangelio que se cultiva en comunidad. Aislarse en su dolor no contribuye, afecta los sentidos y distorsiona la realidad, provocando esas rupturas que al irse acrecentando se distancian de la gracia del Señor, presta a manifestarse en este tipo de situaciones.

Responder a esta solicitud con prontitud y responsabilidad debe ser la decisión de quienes somos invitados a participar, acompañando, animando, exhortando, a quienes afectados por la angustia necesitan mantener su mirada puesta en el Señor. Compartir la carga producirá esa sensación de alivio, indispensable para recobrar las fuerzas y emprender el camino que alcance la victoria.

Tu rol en el cuadro

Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1.- Cuando enfrentas un tiempo de angustia ¿te ha costado abrir tu corazón, transparentar tu situación con otros? ¿Puedes compartir las razones?

2.- Al buscar compañía en medio de la angustia ¿cuál ha sido tu expectativa de quienes has buscado?

3.- A pesar de que no siempre somos capaces de entender a quien sufre, necesitamos estar acompañados; siendo así, ¿cuál es el valor de la compañía?

4.- ¿Qué se necesita cultivar en nuestro interior para estar a la altura de quienes en medio del dolor solicitan nuestro apoyo?

5.- Quien ayuda a sobrellevar un dolor, una angustia, aligera el peso emocional ¿de qué manera debemos hacerlo para que nuestra compañía sea efectiva?

6.- En el dolor tenemos la oportunidad de mostrar el amor de Cristo, ministrando una vida ¿cuál sería nuestro compromiso cuando somos requeridos por el que sufre?

Acción a realizar

Acompaña, al que sufre, demuéstrale tu amor.