En la tribulación persevera, su gloria está por venir – Fabricio Chóez Acosta

Texto: 2 Corintios 4: 7 – 18

El Gran Panorama

La vida del creyente, a diferencia de lo que mundo piensa, es semejante a la de cualquier persona común. Ser cristianos no nos aleja de los escenarios cotidianos que el hombre natural a menudo enfrenta. Si bien es cierto vivimos situaciones de abundancia y prosperidad, de alegrías y triunfos, pero por otro lado también experimentamos problemas y dificultades, pruebas y tentaciones, necesidades y angustias. Las tribulaciones no son ajenas en el caminar diario de un creyente, más bien llegan a ser parte de un proceso de constante perfeccionamiento que debemos experimentar para crecer espiritualmente y llevar el fruto deseado por nuestro Creador.

A diferencia del hombre natural, el beneficio con el que contamos los hijos de Dios es tener de nuestro lado el cuidado, acompañamiento y provisión de nuestro Padre Celestial, que en cada prueba se muestra Fiel y lo seguirá siendo por siempre. Sin Él, indiscutiblemente, la experiencia vivencial de un cristiano sería imposible de sobrellevar y la meta tan anhelada se convertiría en una vana utopía.

Ante esta situación con la que debemos lidiar, la Palabra de Dios plantea una esperanza y una consigna para todo aquel que ha decidido seguir el llamado del Señor, perseverar en los momentos de pruebas y tribulaciones es el camino que debemos tomar, entendiendo que éstas son pasajeras, más la recompensa que viene de Dios es eterna.

El Texto No es un Pretexto

Servir al Señor siempre será la consecuencia más evidente de un corazón agradecido por un regalo inmerecido. Ser recíproco a Jesús mueve al ser humano a entregarse en cuerpo y alma a su Señor y Salvador, negándose muchas veces asimismo y volcándose a servir al Creador sin esperar nada a cambio, pues ya lo recibió “todo” por anticipado: el regalo de una Salvación tan grande.

No hay que esperar una investidura especial o tener un título de post grado para empezar el trabajo en la obra del Señor, simplemente es necesario tener un corazón dispuesto a servir y comenzar a dar los primeros pasos. Al principio siempre será complicado, pero una vez que vaya pasando el tiempo notaremos que el ejercicio y la capacitación que nos dispongamos a tener servirán para que nuestra labor sea cada vez mejor y de esta manera podamos llegar a más vidas y más familias entregadas a Cristo, el Salvador.

Pablo se dirige a los corintios, una Iglesia muy parecida a la del siglo presente, con sus pasiones y múltiples defectos, pero con un ferviente deseo de servir al Señor. El apóstol comparte la importancia de entender que el Mensaje que proviene de Dios, las Buenas Nuevas de salvación, es un tesoro entregado a su pueblo, a seres débiles e imperfectos, a vasos de barro como dice él, frágiles y sencillos, sin belleza ni nada de que enorgullecerse, de manera que sea evidente que el poder no proviene de nosotros sino del mismo Señor, sólo somos instrumentos en sus manos.

Servir al Señor y predicar Su Palabra elevan nuestro espíritu y nuestra vida, pero no debemos olvidar que somos seres finitos, y que estamos expuestos a pasar por diversas pruebas y tribulaciones tales como enfermedades, persecución, hambre, angustias y pérdidas. Las marcas de Jesús en nuestro cuerpo como embajadores de su Palabra son sublimes señales que vivificarán nuestro ser en todo momento. Qué mejor aliciente que al participar de los padecimientos del Señor también participemos de Su Gloria, de tal manera que aunque nuestros cuerpos se vayan desgastando, el producto de este trabajo servirá para dar vida espiritual a otros.

El llamado de Dios demanda el compromiso de quien es llamado, serle fiel debe ser nuestra respuesta inmediata. Aquel que sirve al Señor no piensa en ser retribuido, no pone condiciones ni tiene exigencias. No repara tampoco en los peligros que pueda pasar, las necesidades que pueda tener, ni el recurso que deba invertir. Se entrega por completo sin dudar y camina una milla más de la que se le ha pedido. Hay gozo en la vida del que sirve, y aún en la aflicción que las tribulaciones producen, no se desanima, pues comprende que esto es parte de su perfeccionamiento ministerial y lo hace todo con amor.

La confianza en Dios mueve al creyente a compartir la Palabra de Verdad, sólo aquel que confía en lo que las Sagradas Escrituras dice, adquiere el mismo poder que la Palabra tiene. Predicar las Buenas Nuevas de salvación será entonces la transmisión del poder de Dios a nuestras vidas, con el fin de comunicar el mensaje reconciliador de Dios a la humanidad y rescatarlos de la muerte espiritual y entregarles vida eterna. Esta es nuestra confianza, de que si morimos, Dios mismo nos dará vida como lo hizo con su Hijo, resucitándonos pues por Él y llevándonos junto a Él.

La extensión del Reino de Dios a través de la Proclamación de Su Palabra (Kerigma) y el trabajo de su Iglesia con la comunidad, mostrando amor al prójimo desembocará en una cadena de vidas agradecidas al Creador, expresiones de acción de gracias, reconociendo la grandeza y fidelidad del Señor con Su Pueblo. Sin duda no hay mayor reciprocidad que la que se evidencia a través de vidas cambiadas, vidas que agradan a Dios como respuesta a sus favores, a su salvación.

Este galardón que nuestro Salvador nos da nos anima, nos alienta y quita todo temor que las tribulaciones puedan ocasionar, en el camino el ser humano se desgasta, el cuerpo se deteriora y enferma, se agota y se vuelve más lento, pero nuestro espíritu se levanta y se fortalece cada vez más. No decaemos pues entendemos que estos padecimientos son terrenales, pasajeros y no durarán para siempre, esto nos llena de una esperanza fundamentada en la eternidad y que no pertenece a este mundo. Por otro lado el premio a la perseverancia, a la fidelidad del que soportó la tribulación, es saber que luego de que la prueba sea superada, la misma Gloria de Dios será derramada sobre nosotros y será una Gloria eterna, grande y maravillosa que durará por siempre.

Pablo explica con certeza que la mirada del creyente no debe estar fijada en las cosas de este mundo, pues son cosas efímeras y perecederas, sino más bien nos interesamos en lo que es eterno, las cosas que pertenecen a Dios y a Su Reino, pues éstas permanecerán por siempre. A ciencia cierta no sabemos cómo será esa vida por la cual estamos luchando, pero lo que sí sabemos es que será eterna junto a Jesús, llena del poder y la gloria de nuestro Dios.

Define el Enfoque

Seguir a Jesús es una decisión y servirle es nuestra vocación. Quienes son llamados por el Gran Señor de Señores debemos ser recíprocos a su voz, es decir obedecer a su llamado y servirle con pasión. Dios no necesita de nuestro trabajo o esfuerzo pero se regocija grandemente al ver a sus hijos interesados en las cosas de su Padre.

Las pruebas y tribulaciones son parte del proceso de perfeccionamiento en nuestra vida cristiana, debemos entender que será un tiempo corto, como corta es nuestra vida, pero al final del recorrido terrenal hay un premio eterno que espera por nosotros. ¡Su Gloria está por venir, sólo es cuestión de tiempo!

Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

  • ¿Sientes que las tribulaciones superan tu fe?
  • ¿Puedes ver el propósito de Dios en las pruebas que actualmente vives?
  • ¿Cuándo te sientes desanimado buscas ayuda en la oración?
  • ¿El servicio al Señor es consecuencia de lo que Dios ha hecho en tu vida?
  • ¿Cómo puedes animar a alguien que se siente decaído espiritualmente?

Define el Enfoque

  • Tu Rol en el Cuadro.
  • Acción a Realizar.
  • No desmayes, sigue adelante.
  • La Gloria del Señor está por llegar.