“Hay hambre espiritual, llevemos el pan de vida” por el Pastor Parrish Jácome

Lucas 9: 11 – 13

El gran panorama

Los fenómenos sociales que con frecuencia observamos responden a diversos factores que en un sociedad, comunidad, país, se están enfrentando. Movilizaciones, convocatorias, son una manifestación de este fenómeno donde las muchedumbres juegan un papel determinante al ser actores protagónicos de los acontecimientos que concitan interés general.

La vida urbana caracterizada por centros urbanísticos donde se desarrollan todo tipo de experiencia, es el espacio donde el ciudadano común enfrenta los desafíos y oportunidades que este caminar agitado presenta. El caminar acelerado, influenciado por una corriente que pretende reducir la existencia al trabajo, descanso, obtención de bienes, oscurece una realidad que muchas veces las masas logran visibilizarlo.

Las multitudes son un fenómeno social indiscutible, donde la fascinación de ver muchedumbres atrapa la atención de quienes en los diversos ámbitos quieren contar con su respaldo. Interactuar con esas masas, relacionarse, detectar sus necesidades, no es sencillo, requiere un ejercicio intencional donde la sensibilidad para escuchar y colocar en el lugar del otro es determinante.

La euforia que provocan las multitudes pasa rápido, envuelve, contagia, emociona, requeriéndose ese espacio para que lo vivido pueda interiorizarse, comúnmente ese intervalo no se provoca, regresando a los afanes del diario vivir. En el ámbito espirtual es desafiante las multitudes, su presencia encierra razones que no siempre lograremos comprenderlas a profundidad, generándose ese espacio donde lo que viene luego es fundamental para acompañar a quienes fueron movidos por un deseo de encontrarse con el Señor.

Los indicadores sociales podrían vaticinar que no se deben esperar mayores cambios, sin embargo, al ver las multitudes esa sensación cambia, invitándonos a mirar como Jesús los veía. Darles de comer al retorno de la jornada es nuestro desafío, acercarles el alimento sólido, nutritivo, capaz de provocar ese encuentro con el Señor cara a cara, donde el impacto será indiscutible, provocando esa transformación que sólo el evangelio del reino produce.

El texto no es pretexto

Los encuentros de Jesús con las multitudes generalmente no fueron provocados, respondieron a esa necesidad que tenía la gente de escuchar, ver, sentir, esas expresiones tan comunes en los seres humanos, donde nuestros sentidos juegan un papel determinante. La conformación interna del hombre lo lleva a reconocer que esas carencias espirituales que en momentos se acentúan más que en otros.

El deseo frecuente del maestro era pasar desapercibido, caminando, tomando contacto con las personas de forma natural, donde el intercambio de miradas, palabras, experiencias, enriquecía. Una constante donde se entiende la vida como una expresión comunitaria donde disfrutamos todos estos encuentros con la certeza que tienen algo que aportar.

La transición entre un ministerio de pocas personas a uno que connota multitudes está pasando, los invitados a seguirle siguen creciendo, en esa vertiente de un evangelio que abre las puertas a todos. Los primeros doce ven como el movimiento comienza a superar las barreras propias del exclusivismo, los contactos que comenzó a tener el maestro se los deja claro.

Los doce reciben su encargo y regresan entusiasmados, conmovidos, desafiados de aquello que han observado. No hay duda que el contacto con las personas siempre nos sorprenderá, afectará nuestras percepciones, mostrándonos espacios de servicio, oportunidades de ministerio, que desde lejos jamás se podrán divisar.

Jesús anhela una cita privada donde la atención este centrada en los testimonios que los doce traen. Betsaida, una ciudad que proveía lugares desérticos es el epicentro de este diálogo, que no podrá culminarse con total libertad, al conocerse que el maestro se encontraba en este sitio. La muchedumbre agolpada quería escucharle.

La narrativa nos anima a recrear este cuadro, en estos momentos cada vez más comunes en el ministerio de Jesús. Un escenario nuevo, desafiante, cobra vida para colocar en contacto al maestro con quienes llegaban para escucharlo, conocerlo, tener ese intercambio de miradas con quien comenzaba a ser noticia en toda la región de Galilea.

La difusión de su presencia llegaba por el contacto personal, las ciudades no eran tan grandes y la información de acontecimientos que connotaran interés rápidamente se propagaban. El pueblo estaba urgido de palabra, de aliento, tanto era su necesidad que podía escuchar a un hombre que sin las credenciales humanas de maestro, ganaba notoriedad por su influyente carisma al acercarse de forma sincera a la gente.

El contacto no demoró, la decisión de atenderlos se provoca de inmediato, mostrando esa disposición permanente de quien abandonando su deseo personal de separarse para escuchar a sus discípulos, para emprender con alegría el encuentro con la multitud. Los rasgos, la composición, poco se describe, entregando un dato que muestra una muchedumbre representativa, cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

La mirada de Jesús de inmediato se volca sobre la multitud, rostros, imágenes, figuras diversas, llegaban en ese primera observación, donde era muy difícil un roce de manos, un apretón de mano, un abrazo fraterno. Ministrar a la multitud sin perder de vista sus necesidades particulares era desafiante, siempre será desafiante. Para quienes caminando entre ellas se aprestan a servirlas.

Jesús establece el modelo que utilizará en su contacto con la multitud, en un primer acercamiento lo realiza desde la perspectiva de la palabra, trayendo el consejo, la instrucción, compartiendo los valores del reino. Esa expresión masiva que llegaba a todos se complementaba con la particular, aquella que no podía obviarse cuando la presencia de enfermos que requerían ser sanados los necesitaban.

Las mutitudes son un fenómeno social incuestionable, donde las motivaciones, intereses, percepciones, son tan diversas. En las multitudes encontraremos realidades que no siempre se descubren a primera instancia, la muchedumbre las oculta, las invisibiliza, requeriéndose esa disposición e interés que empuje a descubrirla.

El lenguaje de la multitud emociona, el susurro, el bullicio, tiene esa capacidad de traspasar los umbrales de la razón e insertarse con fuerza en el ámbito del sentimiento, donde las expresiones jugarán un papel determinante. Una efervecencia que se mantiene mientra la multitud continúa encendida en ese espacio que recrea sin fin de experiencias.

La tarea del maestro ha sido realizada, la palabra fue presentada proporcionando ese alimento espiritual que nutre y da vida, unido a la demostración de esos valores del reino donde la solidaridad y amor, no pueda acallarse, menos aún soslayarse, ante la necesidad manifiesta de los enfermos. La multitud recibe lo que vino a buscar, debiendo emprender el camino de regreso donde otras necesidades deben ser atendidas.

Los discípulos no quieren esa responsabilidad, buscan a Jesús para que también la atienda y provea, interesante es que el maestro les responde con una invitación a la multitud. Darles de comer, sostenerlos con el pan para el camino, atenderlos en la jornada que están por emprender es la tarea de quienes observaron la interacción del maestro con la muchedumbre.

La enseñanza del maestro es extraordinario a quienes estaban siendo desafiados a darles de comer a la multitud. Las excusas, las preocupaciones, el temor, quisieron ganar espacio para provocar una respuesta negativa, donde el aprendizaje al que están siendo animados no se hubiera alcanzado, privándose de ver el milagro de la multiplicación, aquel que siempre ocurre cuando uno por amor se dispone siempre a dar.

Las multitudes que tienen hambre de lo espiritual siempre estarán buscando alimento, transitarán por diversos espacios procurando encontrar lo que calme esa hambre y esa sed interior. Al observar su paso de regreso, luego de aquello que la convocó, el desafío será planteado a quienes expectantes fijan su mirada en los rostros, imágenes, cuadros, que deben ser capaces de movilizar, entregar con alegría, desprendimiento, generosidad, el pan de vida, aquel que al conocerlo y disfrutarlo, nunca más tendrá hambre.

El compromiso con las multitudes es ineludible, ministrarlas, atenderlas, acompañarlas es responsabilidad de los discípulos. Acercar a Jesús el pan de vida debe ser el desafío irrenunciable que todo creyente asuma al mirar a las muchedumbres. Una tarea que va disfrutando del impacto e influencia que este pan de vida produce al generar auténticas transformaciones que en el diario caminar van afectando todos los ámbitos de la convivencia y relaciones del ser humano.

Define tu enfoque

Las multitudes siempre serán desafiantes, encontrarlas presentes en diversos espacios del quehacer diario, nos invita a reconocer una dinámica incuestionable, imposible de ocultar, donde las necesidades más sentidas de la vida cotidiana se expresarán buscando respuestas. Entender este fenómeno social no es fácil, cuestionarlo resulta el camino más fácil de quien no quiere incomodarse para explorar sus posibles razones o motivos.

La fe no escapa a esta realidad, las multitudes van de un lugar a otro, de una experiencia religiosa que no llena a intentar por medio de otro, dejando muchas veces un vacío que pocas veces se exterioriza, pero en la muchedumbre es posible detectar. El hambre espiritual es incuestionable, sus rasgos, sus matices, sus evidencias, están a la vista, atreverse a presentar el pan del cielo, el pan de vida que es Jesús, siempre será la elección valiente de quienes entiende su llamado y responsabilidad.

La invitación del maestro es clara, ineludible, darles de comer a esas multitudes hambrientas de paz, de amor, de propósito eterno. El recurso no debe asustarnos, quien coloca su vida como un instrumento de servicio, aprendiendo a darse, verá el milagro de la multiplicación, aquella que permitirá acompañar a las multitudes su retorno, cuando la euforia, la emoción, el bullicio, termina y la necesidad de Dios sigue tan presente. Acercar al resucitado, a Jesús de Nazareth, es nuestra responsabilidad, al final fue él quien dijo “Yo soy el pan de vida, quien me conoce, no tendrá hambre jamás”.

Tu rol en el cuadro

Considera las siguientes preguntas, reflexiona en cada una de ellas y responde con honestidad.

1.- ¿Cuáles son las primeras impresiones al mirar una multitud?

2.-¿ Qué signos, símbolos, señales, manifestaciones, puedes encontrar al ver las multitudes con mayor detenimiento?

3.- Al ver las multitudes que se agolpan para vivir una experiencia religiosa ¿A qué estamos siendo invitados por nuestro Señor Jesús?

4.- Si la iglesia cristiana tiene una responsabilidad con las multitudes ¿Cuál es tu parte para que esta se cumpla?

5.- En los tiempos de fervor religioso que nuestro país está viviendo, requerimos oración y acción ¿Qué se requiere para levantar un movimiento permanente de oración y evangelización?

6.- ¿Qué acciones concretas comenzarás de inmediato, para que el desafío de dar de comer, acercar el pan de vida, a las multitudes no se diluya y pronto se olvide?

Acción a realizar
Observa con amor, actúa con misericordia.

 

Pastor Parrish Jácome