Jesús y los dos ladrones

Hace algunos años observaba desde el mostrador de mi negocio, como los ladrones de la zona estuchaban los vehículos de los clientes que llegaban a comprar. Un día escuché que los vecinos de mi almacén estaban tramando matar algunos de ellos, para que quede de ejemplo. Pero Dios traía una palabra a mi corazón: “No hay nada imposible para Él”. Comencé a orar y mi petición a Dios era que tocara sus corazones, pero había que hacer algo más, y es así como empecé a acercarme a ellos y hablarles de Jesús. Unos me rechazaron y otros escucharon.

La siguiente semana la situación se tornó peor y Dios trajo una palabra a mi vida: LA FE ES LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA, LA CONVICCIÓN DE LO QUE NO SE VE.

Pasaron tres años, me cambié de lugar, y un día al llegar a mi almacén un hombre muy elegante con un maletín se me acercó y me abrazó y me dijo: “¿Se acuerda de mí?”. La verdad es que no me acordaba. “Soy aquel hombre que robaba en la calle en que usted tenía su almacén, gracias a Dios, y a la Biblia que usted me regaló, hoy soy cristiano con mi esposa y mis hijos”. Dios se había glorificado en medio de la adversidad.

Pst. Carlos Maldonado / Iglesia Israel Puerto Hondo