“Miremos como el Señor, miremos con esperanza” por el Pastor Parrish Jácome

Mensaje dominical del 23 de agosto de 2015
El gran panorama
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, celebrado hace pocos días en las embajadas de Washington y La Habana es para nuestro continente un signo de esperanza. La izada de las banderas en sus diferentes territorios luego de cinco años cuando se retiraron, es la mejor evidencia de un camino que comienza a transitarse.

Las impresiones de los cubanos residentes en los Estados Unidos se fragmentaban en dos grandes sectores, donde la visión política de la isla era el punto de quiebre para quienes censuraban este acuerdo. Histórico, impensado, sin duda, una decisión que abre grandes expectativas a quienes viviendo en condiciones limitadas, enfrentarán las opciones de consumo que antes eran limitadas.

La presencia de los tres marinos norteamericanos que retiraron la bandera de su país cuando las relaciones terminaron con Cuba, colocó ese toque emotivo a una ceremonia que en otro tiempo se consideraría imposible. Regresar a esta tierra, sentir la suave brisa del Caribe, mirar la playa, era un sueño para quienes perdieron la esperanza de regresar.

Cristalizar esos anhelos profundos, aquellos sueños que se han albergado por largos años, en medio de luchas, sinsabores, dificultades, sigue siendo el desafío de quienes caminando no se rinden. La esperanza demanda esa fuerza, donde la mirada es determinante para divisar lo que a primera instancia, no siempre se logra detectar.

Mirar con esperanza es fundamental, clave, para quienes esperando esa manifestación de gracia, no se dan por vencidos y siguen clamando al Eterno su manifestación en sus circunstancias. Una mirada que supere los antagonismos, los formatos preestablecidos, donde nada hay que descubrir, todo responde a un esquema de creencias, incapaz de ver más allá de lo que se divisa. Romper ese molde será el desafío a quienes se atreven a mirar como el Señor, aprendiendo a mirar con esperanza, a pesar de lo circundante.

El texto no es pretexto
La acción libertaria de un pueblo nunca perderá vigencia, revisar su historia, sus circunstancias, sus protagonistas, siempre tendrá ese atractivo, para quienes buscando respuestas a su tiempo, se atreven a establecer aproximaciones y aprendizajes. Regresar a estos episodios enriquece, permite seguir descubriendo esos pequeños detalles, que abren con frecuencia el entendimiento.

Éxodo, tiene esa connotación especial, donde la acción libertaria del Eterno toma forma ante la angustia, el dolor, el lamento. Un cambio dramático se provocó con la llegada de un nuevo Faraón, al punto que, la presencia de los israelitas dejó de ser bien recibida, para convertirse en motivo de preocupación.

La mirada del nuevo faraón fue distinta, avizoró un peligro que sólo podía ser contrarrestado sometiendo a los judíos, hasta convertirlos en esclavos. El cambio de entorno fue drástico, imponiendo severas cargas de trabajo que buscaban menoscabar el espíritu aguerrido de los israelitas. Una estrategia que no tuvo resultado, por cuanto, mientras más los oprimían, más se multiplicaban y crecían.

Moisés, es un verdadero milagro, donde su propósito se establece desde ese mismo acto salvifico en las aguas, cuando debiendo enfrentar la muerte siendo un infante es colocado en las orillas del río para alcanzar una posibilidad de vida. La esperanza de una madre fue determinante para buscar un camino, aquel que superando los obstáculos, alcanzó su objetivo, al sobrevivir y ser rescatado.

El paso de los años fue acercando diferentes experiencias, donde su verdadera identidad estará luchando en su interior. Crecer como egipcio le garantizaba privilegios, donde el acercamiento con el pueblo esclavo, siempre tenía una connotación especial, aquella que se irá acentuando cuando en defensa de israelitas que eran maltratados, mata a un soldado.

La mirada del Eterno siempre será con esperanza, el fugitivo es convocado, llamado por el mismo Señor para una tarea de dimensiones divinas. Han transcurrido muchos años donde el desierto, el cuidado de las ovejas, el servicio a su suegro, fueron cambiando el corazón de un joven inmaduro y arrogante, por un hombre fiel y servicial.

Entender un llamado divino, manifiesto en una zarza ardiente no fue sencillo, implicó diálogos y comprobaciones a quien sería el escogido para ser el instrumento liberador de un pueblo oprimido. El tiempo había llegado, el Faraón que conocía a Moisés había muerto, y el clamor del pueblo, incesante, desgarrador, había movilizado en respuesta al creador.

La mirada del Señor sobre su pueblo es clave para su respuesta, la interacción de inmediato se produce al oír su clamor. La voz del pueblo le llama, le convoca, atrapa su atención, llevándole a observar aquello que se había agudizado y no podía continuar, requería una acción contundente de su parte.

Moisés es desafiado a mirar al Señor en medio de la zarza, una experiencia única que con el pasar del tiempo se iría fortaleciendo al aprender a reconocerlo en los diversos momentos de su caminar, que se fueron acentuando. La declaración del Eterno cuando la mirada de Moisés busca entender el fenómeno, una zarza que no se consume, afirma una identidad que el paso de los años no la había oscurecido.

El Dios de tus padres siempre tendrá influencia, trascendencia, en la vida de los hombres. No se trata de un extraño, impostor, improvisado, que quiere ganar un espacio, la vinculación lo presenta como parte integrante de la historia familiar, quien conoce aquellos pormenores que necesitan recordarse cuando se van asumir desafíos de esta magnitud.

La iniciativa del Señor deja claro su accionar cuando su pueblo lo requiere, acercarse a Moisés es intencional, dejarle claro quien le habla, responde a ese desafío que de inmediato le va a presentar. Las razones no se esconden, menos aún se tratan con superficialidad, el momento, las circunstancias, ameritan una postura conduntente con un plan bien establecido.

He visto, una palabra tan gráfica que muestra conocimiento, contacto con la realidad, donde los diferentes actores son divisados en medio de sus luchas y sinsabores diarios. Unos actuando como opresores, otros sometidos a un trato injusto que se acentúa por el temor a perder el control y el poder.

La mirada del Señor es activa, no se queda en el lamento, la tristeza que paraliza, buscando responsables de acontecimientos que no cambiarán, a menos, que se actúe de forma contundente. Lo que se mira, se vincula de inmediato con lo que se oye, trayendo un conocimiento cabal del momento. Esta es la dinámica que se manifesta en el diálogo que el Eterno tiene con Moisés, dejándole saber que esta vinculación lo movilizó para traer respuesta.

El descenso del creador para acompañar, consolar y liberar, es la respuesta a esa mirada, capaz de rescatar en medio de ese lamento, aflicción, angustia, la fortaleza de un pueblo que anhela y no renuncia a su libertad. El clamor es una evidencia de esperanza, aquella que se toma del último aliento para gritar esperando esa respuesta que llega contundentemente.

El Dios que desciende trae una propuesta a su pueblo, donde la liberación implica la posibilidad de disfrutar de una tierra nueva, donde no sean sometidos, ni esclavizados, recibiendo la gracia de alcanzar un espacio para sembrar y cosechar con abundancia. Una gracia que evidencia el amor del Padre, presto a dar con generosidad y abundancia a su pueblo.

La mirada del Señor discierne, encontrando motivos y razones que al descansar en el corazón, no pueden divisarse a primera vista. Responder al clamor del pueblo fijando su mirada en su dolor, lo lleva de inmediato a buscar, observar, quien podría ser el instrumento para esta tarea.

Mirarlo a Moisés, oculto entre las malezas del desierto, afanado en las tareas de campo, no fue accidental, el Dios Eterno conocía del potencial de este hombre, recluido en un lugar distante donde cada experiencia que vivió sería útil para su gran desafío. La esperanza que el creador deposita en Moisés será un elemento determinante para que el pueda vencer sus temores, dudas, disponiéndose a emprender la libertad para su pueblo.

Define el enfoque
La mirada del Señor en medio de la dificultad, adversidad, angustia, siempre nos invita a centrar nuestra atención en aquello que no se observa a primera vista. Los sinsabores que abruman e inquietan, buscarán direccionar nuestra visión a lo que sobresale, oscureciendo esos signos de vida, que aún entre los escombros, estarán presentes para que nuestra esperanza no decaiga.

Centrar la mirada en aquellas señales de muerte, frecuentes, recurrentes en nuestro caminar, no es sabio, evitar esa tentación que nos impide ver el actuar de Dios en los tiempos difíciles, es determinante para responder a la invitación que el Eterno en circunstancias adversas siempre realiza. Apreder a mirar como el Señor ve cambia el enfoque, la perspectiva, donde mi pasado nunca será un impedimento para alcanzar los propósitos del Eterno.

Una mirada con esperanza siempre moviliza, encontrando los caminos, los recursos, las personas, que el mismo creador irá poniendo en el camino para responder a las angustias de su pueblo y de su creación. Descender, acercarse para acompañar y liberar, es la acción recurrente que el Eterno realiza en estos escenarios, donde un cambio de mirada, una forma diferente de mirar y enfrentar la adversidad, será fundamental para seguir camino, sin detenerse, donde el gozo y la paz que se produce en las verdades de la palabra, fortalezca y afirme esa mirada de esperanza.

Tu rol en el cuadro
Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1.- Cuando estamos enfrentando momentos dolorosos ¿en qué se enfoca nuestra mirada?

2.- En medio del dolor, nuestra mirada se centrará en las señales de muerte ¿qué se requiere para distinguir los signos de vida?

3.- Si en la angustia, la mirada del Señor siempre es con esperanza ¿qué mira el Señor en medio de la angustia y el dolor?

4.- La esperanza moviliza, desafía la búsqueda de una respuesta de parte del Eterno, siendo así ¿cómo se moviliza el Señor en respuesta al clamor de su pueblo?

5.- Nuestra mirada es consecuencia de cambios que se produjeron en nuestro interior ¿cuáles son esos cambios que deben operarse, para que nuestra forma de mirar sea diferente?

6.- Mirar con esperanza es transformador ¿cuáles son las situaciones de nuestra vida que debemos aprender a mirarlas de esa manera?

Acción a realizar
Mira con esperanza, observa con atención y descubre.