Opinión: “Una pausa necesaria y muy útil”

La reciente visita del Papa Francisco, líder de la iglesia católica romana, llegó en un momento de profunda tensión política en nuestro país. La polarización entre la tendencia política del gobierno y los diversos grupos de oposición se habían acentuado en marchas públicas que a días de su llegada seguían presentes.

El arribo de Francisco de inmediato copó la atención de la ciudadanía, el tema político quedó al margen, abriendo un espacio donde los diálogos giraron de in- mediato hacia el ámbito religioso. El cambio de escenario y de protagonistas fue también determinante para que las tensiones bajarán, provocando un cambio de enfoque donde la espiritualidad se expresaba desde el marco de la tradición romana.

La presencia del presidente Rafael Correa a su arribo se enmarcaba dentro del protocolo de bienvenida no sólo a un líder religioso, sino a una autoridad de estado. Un saludo afable, donde las interpretaciones de algunos sectores procuraban encontrar el tinte político a un discurso de recepción a quien llegaba para cumplir una agenda pastoral con su feligresía.

Los encuentros con diversos sectores levantaron mensajes claros, donde las homilias procuraban responder a las necesidades de un conglomerado social fragmentado en sus dos grandes instituciones, la familia y la sociedad. Las orientaciones no pueden enmarcarse como un consejo e instrucción exclusivo a quienes profe- san la fe católica, su contribución es muy amplia, alcanzando a diversos sectores ávidos de una palabra de consuelo y esperanza.

El desafío queda de inmediato, la interpretación que la clase política, dirigencial, realice de estas homilias y discursos, mostrará la influencia que la voz de Francisco alcanza en un país predominantemente católico romano. El compás de espera pronto terminará, expresando variantes a las manifestaciones previas a la visita del Papa o retornando a las calles para continuar con las protestas.

La pausa en momentos que la tensión se extrema siempre será útil, provocando esos espacios para la reflexión, donde preveer los costos de todas las acciones que se emprendan son necesarios. Retornar a la cotidianidad no puede ser un ejercicio fortuito, requiere el liderazgo del gobierno para conservar este nuevo ambiente, donde el diálogo en todas las esferas y en todos los sectores se procure con agilidad y sin distingo alguno.

Los ciudadanos abrazamos el camino de la esperanza, reconociendo que el bien común siempre debe primar, estableciendo las directrices que produzcan concertaciones, acuerdos, aquellos que los más débiles están esperando. En una ruptura, nadie gana, todos perdemos, aprendamos de quienes todavía no se reponen de esos dolores y heridas que siempre dejan huellas, profundas y difíciles de superar.

Dr. Parrish Jácome