Ora con Fe, Espera con Paciencia – Ps. Parrish Jácome

Texto: Santiago 5: 7 – 8

El gran panorama

Reinsertar a los damnificados del terremoto reciente a la actividad productiva no será sencillo, enfrentar la realidad presente, donde la ausencia de recursos es evidente, implicará más que buenas intenciones y entusiasmo. Emprender desconociendo el dolor por las pérdidas, no es posible, los sentimientos siguen a flor de piel, mostrando que el acompañamiento debe ser sabio y prudente.

El retorno a las actividades productivas ha sido paulatino, no se trató de una para donde poco o nada se perdió, en muchos casos, las pérdidas fueron totales, dejando a las personas desprovistas de recursos. Quienes contaban con un emprendimiento formal, están buscando la forma de reactivarlo, improvisando oficinas, bodegas, vehículos de reparto. En otros casos el terremoto los dejó en la informalidad, donde no hay lugar fijo al cual acudir.

Enfrentar los compromisos existentes, donde las obligaciones crediticias con los bancos, deudas con proveedores, prestamistas, inversiones, provocan una tensión que roba la paz, para hacer frente a la necesidad de producir. Han pasado más de 30 días y el ambiente en las zonas afectadas, sigue siendo desolador y de incertidumbre, con muchas promesas y pocas acciones concretas.

La espera no se sencilla, hay compromisos, hay familias, hay necesidades latentes, que siguen manifestándose, enfrentarlas con determinación y con paciencia, será el camino para no perder el rumbo. Pasar de las acciones espontáneas, útiles en su momento, a emprendimientos planificados es vital, indispensable, para una reconstrucción que requiere transitar por una senda estable.

En la fe cristiana esa espera requiere de paciencia, virtud incuestionable de quienes acrecentaron su confianza en las promesas y verdades del Eterno, aprendiendo a conocerle, afirmando su relación personal, donde los ritos, tradiciones o costumbres religiosas, no son el centro, enseñando que la dependencia en el Señor es posible, cuando aprendemos a caminar de su mano. Esperar con paciencia demandará fe, aquella que en la oración se cultiva, vinculando la oración con la paciencia, la fe con la espera.

El texto no es pretexto.

Recibir aliento en tiempos difíciles es de gran ayuda, brindar consuelo, animo, abre una luz en una oscuridad densa, capaz de robar el gozo y sumir a las personas en una tristeza profunda. Quien imparte esperanza es un mensajero, un enviado, presto a compartir una visión diferente, indispensable para quien centrado en su dificultad, no encuentra salida.

Presentar caminos, aperturar sendas, siempre será el trabajo del evangelio, buenas noticas por excelencia, donde el caído, afligido, abatido, será investido de la fortaleza para enfrentar su realidad y superarla. Un evangelio que se encarna en la realidad cotidiana, mostrando su pertinencia, donde la instrucción y el consejo, aborda el principal problema del hombre, su corazón.

Las angustias no hacen diferencia, la viven los hombres de fe y lo que no la tienen, quienes se acercan al Eterno y quienes lo rechazan, los que poseen recursos económicos y quienes luchan por encontrarlos, frente a la adversidad no hay diferencia, todos somos iguales. La diferencia radica en la forma como enfrentamos estos momentos, poniendo a prueba nuestros valores y convicciones.

Santiago o conocido también como Jacobo, escribe esta carta a los esparcidos a causa de la persecución, sus angustias, sinsabores, dolores, son innegables, están a flor de piel, a quienes abrazando la esperanza en Cristo Jesús, deben enfrentar los azotes crueles de una sociedad que no les entiende y los persigue. Cambiar la perspectiva de víctimas, donde la queja aflora es vital, para asumir esta experiencia con valentía y fortaleza.

El discípulo de Jesús debe entender este periodo, esta etapa, como una oportunidad para ser perfeccionado, moldeado, proveyéndole la vida, un espacio que debe ser aprovechado. Un cambio indiscutible de forma de visualizar la experiencia, donde la relación cotidiana con el maestro, ira afirmando esta comprensión y vitalizando ese encuentro diario, mediante la oración.

Bienaventurado el varón que soporta las pruebas; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 5: 12

El desafío es planteado de inmediato, mostrando que los momentos duros no pueden mirarse como un obstáculo, todo, lo contrario, deben ser entendidos como ese espacio indispensable para crecer, para avanzar. La prueba siempre requerirá fortaleza, aquella que no puede descansar en las fuerzas humanas, debe encontrar en el Eterno, esa razón y ese fundamento, para no ceder.

El poder de lo alto se produce en la intimidad con Dios, donde uno aprende a conocerle, descubrirle, amarle, nada más significativo que un caminar donde nada está escrito, todo va labrándose, en ese caminar diario. Rescatar esta verdad es determinante en esta carta, donde los destinatarios luchan por mantenerse fiel a los valores de Jesús y su reino.

Vivir como exiliados demanda no perder su identidad, aquella que distingue, que muestra su esencia, dándose a notar en la forma de hablar, actuar, proceder, en diversos momentos. El espíritu de la carta es riguroso, no cede ante un falso cristianismo que pretende deslizarse, desdibujando esos rasgos característicos en Jesús y en sus discípulos.

Las situaciones difíciles presionaran para encontrar respuestas, en esa búsqueda la posibilidad de equivocación es alta, provocándose emociones que tienden a confundir y engañar. El llamado de Santiago es contundente, apela a esa virtud, cualidad, distintivo espiritual, de quienes conociendo al Señor, aprenden a descansar en su accionar, a pesar de las circunstancias.

La paciencia se presenta como ese rasgo vital, fundamental, necesario para enfrentar la espera con sabiduría, aceptando que el control de toda circunstancia está en manos del Señor, siendo así, esperar con seguridad y confianza, es posible. Una espera que vincula la manifestación máxima, plena de esplendor, como el evento donde toda injusticia terminará para siempre.

La venida del Señor es presentada como el tiempo máximo de la espera, evidenciando un pensamiento que de forma categórica rondaba en la mente del apóstol. Pablo creía que el Señor pronto vendría, no se trataba de una espera que no tenga fin, que no llegue a su término, si bien, el maestro no regresó en ese tiempo, la esperanza que brindó a los discípulos esparcidos fue determinante.

La paciencia se torna en un elemento incuestionable, varias ocasiones en este texto se apela a su praxis, estimulando a los discípulos a no desmayar, permanecer, perseverar en el camino de la fe, a pesar de las dificultades que estaban atravesando. Una solicitud indispensable para quienes requerían enfrentar sus circunstancias con calma, quietud, dirección de lo alto, recurso que puede oscurecerse cuando se actúa de forma precipitada.

La impaciencia produce queja, reclamo, cuestionamiento, provocando una serie de emociones nocivas que terminan por contaminar el corazón. Quien se queja permite que sus palabras golpeen, lastimen, hieran, desconociendo los propósitos y razones que el Eterno tendrá en medio de esas circunstancias, caminar por esta senda es muy peligroso, las consecuencias en muchos casos, son irreversibles.

Las figuras de hombres que sufrieron y desarrollaron paciencia son levantadas, puestas como ejemplos, en un tiempo donde las angustias pueden hacer pensar que estas experiencias nadie las ha enfrentado. Recordar que siempre han existido hombres que pasaron por situaciones similares o mayores estimulan, desafía, permite que la fortaleza interior no decaiga.

Pablo presenta la aflicción de una forma diferente, procurando que la visión de los tiempos de pruebas cambie, provocando una actitud distinta, donde la queja, el reclamo, el cuestionamiento, la envidia, no tendrá cabida. Quien mira el sufrimiento como un espacio de perfeccionamiento estará presto a transitar con expectativa, asumiendo la gracia del Señor como ese motor que impulsa a seguir de pie, confiando plenamente.

El llamado a la acción es determinante, quien espera con paciencia hace su parte, reconoce que el Eterno trabaja en lo imposible, lo que está en su campo de acción y el discípulo hace su parte. Llamar, buscar, tocar, permitirá que la respuesta en su momento se produzca, mientras llega, la paciencia va formando el carácter, aquietando la angustia, afirmando los valores del reino.

La oración de fe reconoce el poder que tiene el Eterno para responder, el tiempo, las circunstancias, no corresponden al discípulo definirlas, esperar confiado, seguro, afinará esa paciencia que se requiere cultivar. Los tiempos difíciles siempre serán un buen escenario para que la espera contribuya al crecimiento, permitiendo que las debilidades se transformen en fortalezas.

Defina el enfoque

Vincular la oración con la paciencia no es común, las clásicas concepciones religiosas donde lo milagroso es instantáneo, termine ahogando el valor y la importancia de la espera, en otros casos, genera una comprensión equivoca del accionar del Eterno. Procurar respuestas que se produzcan de inmediato no contribuye a reconocer y respetar la soberanía del creador, donde él puede accionar como quiere, donde quiere y en el tiempo que quiere.

Estrechar los lazos de la oración de fe y la espera con paciencia es fundamental, determinante para una buena formación, donde la manifestación divina se produce en virtud de la voluntad plena del Eterno. Descansar en su voluntad buena, agradable y perfecta, impedirá pretender obligar al Señor a brindarme lo que pienso que necesito, merezco, cuando y como, también lo he definido.

La espera con paciencia afirma los valores del reino, no se trata sólo de aguardar a que el Señor actúe, la dimensión de esa espera va formando otras áreas de la vida, aquellas que necesitan ir puliéndose, cambiando de esquemas, abandonado patrones. La edificación que se produce en la espera, provoca un crecimiento que en el diario vivir se notara, mostrando que el perfeccionamiento en todas las áreas de la vida, es posible.

Tu rol en el cuadro

Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1. La paciencia es una virtud, ¿consideras que tienes esa virtud? Si o no y porqué.

2. Comparte que oración u oraciones todavía no han sido respondidas por tu Salvador y que estás haciendo perseverar y no desmayar.

3. Comparte que situaciones o personas hicieron que perdieras la paciencia y cómo fue tu reacción.

4. ¿Cuál es tu compromiso en este año del perfeccionamiento y hacer de la paciencia una virtud en tu vida?

Accion a realizar

Cultiva la paciencia, cuando ores, espera con fe.