Sigamos adelante, lleguemos a la meta – Pastor Parrish Jácome

Mensaje dominical del 8 de noviembre de 2015

Texto: Efesios 4 : 13

El gran panorama
El marcado individualismo de nuestro tiempo considera imposible emprendimientos donde varias empresas o instituciones se agrupan con objetivos comunes. La idea de proyectos donde varias marcas estén presentes, compartiendo un mismo espacio sin competir, resulta complejo de procesar a quienes miran toda relación desde la perspectiva mercantil, donde la lucha por copar el mercado y obtener las mejores ganancias es lo que estimula.

Una inversión de cuatro firmas ecuatorianas en el corazón del centro histórico de Quito plantea un paradigma diferente. Galletti, Pacari, Galería Ecuador y Mi Té Infusiones, emprendieron el desafío de unirse para presentar una oferta conjunta, donde el café, chocolate, artesanías e infusiones, sean manejados bajo una visión conjunta que permita a los clientes disfrutar de un ambiente agradable que estimule el contacto y degustación de productos con altos niveles de calidad.

La experiencia ha sido calificada como innovadora y desafiante, Ena Galletti, principal de una de las firmas, piensa que el acierto de Galerías Ecuador fue “convocar a gente que tenía cierta sinergia, una visión similar de lo que es calidad y servicio” Fuente. América Economía, edición 118, Octubre 2015. Artículo “Matar el ego” para posicionar la marca.

La iniciativa de estas cuatro empresas ecuatorianas deja claras enseñanzas a quienes trabajando con grupos, no logran superar ese individualismo que termina por romper la armonía. Sociedad civil, los gremios profesionales, los movimientos sociales, las congregaciones religiosas, necesitan fortalecer la visión de cuerpo y no sólo de miembros individuales, luchando por intereses aislados y personalistas, que no contribuyen a un funcionamiento y crecimiento sostenido.

La iglesia como un cuerpo, una familia, un pueblo, enfrenta el desafío de acompañar a sus miembros, enseñándoles los valores que en este caminar diario superan los obstáculos, dificultades, sinsabores, que con frecuencia buscarán desanimar para no continuar en la carrera. Este acompañamiento debe mostrar la poderosa acción del evangelio, al enseñarnos a valorar las capacidades, habilidades y destrezas que cada uno tiene para beneficio del otro, entendiendo el compromiso y responsabilidad que tenemos de animarnos para llegar todos a la meta.

El texto no es pretexto.
Establecer una congregación local no es sencillo, demanda ese compromiso permanente de quienes movidos por el Espíritu Santo fueron animados a compartir la palabra. Acercar el evangelio de salvación y vida eterna tiene implicaciones, presentar el mensaje es apenas el punto de partida, a quienes recibiendo la palabra se disponen a caminar en esta nueva vida.

Los primeros pasos de la vida en Cristo son determinantes, acompañando a los nuevos creyentes en ese descubrimiento natural, donde la fe comienza a despertar inquietudes, preguntas, interrogantes que deben ser canalizadas. Este proceso conocido como discipulado nunca terminará, será parte del diario vivir de quienes abrazando la esperanza en el Mesías, necesitan aprender a interiorizarla a todos los aspectos de la vida.

Llegar con el consejo, la exhortación, el desafío, permite que los nuevos discípulos vayan interiorizando las verdades eternas de la palabra. Una labor fundamental para sostener a quienes abrazando la fe deben perseverar en un contexto desfavorable, donde vivir conforme a las valores del reino será una batalla diaria, sin descanso ni tregua alguna.

Las cartas apostólicas a las iglesias cumplen esta misión, proporcionando la orientación, guía, dirección que los creyentes necesitan. El impacto que producen es inmediato, alcanzando la notoriedad que se genera en la pertinencia de una palabra precisa, contextual, capaz de hablar al momento y las circunstancias que se están enfrentando.

Pablo recurre con frecuencia a esta herramienta, presentando con sencillez y profundidad las preocupaciones pastorales que cada una de las congregaciones levantaban en su corazón. La carta a los Efesios llega desde la cárcel donde la escribe junto a otras cartas como Filipenses, Colosenses y Filemón. Invertir este tiempo con aportes y contribuciones positivas anima al apóstol a ofrecer estos consejos y exhortaciones.

Efesios podría dividirse en dos grandes secciones, la primera que manifiesta con claridad la persona, ministerio y trascendencia de nuestro Señor Jesucristo y la segunda donde se aborda la forma como representar al maestro en el mundo. El capítulo 4 nos introduce en esa dinámica práctica donde la elección por Jesús va a mostrarse mediante una vida vocacionada, capaz de superar toda adversidad por mantenerse fiel a su llamado.

La vocación necesaria para seguir a Jesús implica una clara concepción de vida en comunidad, no se trata de aprender normas, familiarizarse con ritos, interiorizar doctrinas, donde no exista un ejercicio con otros, contrariamente la invitación es a cohabitar, convivir con quienes abrazan esta fe. Una dinámica compleja, capaz de superar las diferencias que siempre existirán entre personas que fueron formadas en diversidad de contextos y realidades.

La relación que se produce en la comunidad de fe es fundamental para representar a Cristo, modelando aquellos valores que caracterizaron su vida. La invitación que Pablo realiza a vivir con humildad, mansedumbre, paciencia, no es arbitraria, responde a esa necesidad de mostrar al Maestro en el diario vivir.

La posibilidad que superar las diferencias entre seres humanos con tradiciones, culturas, costumbres distintas, sólo es posible cuando reconocemos el accionar del Espíritu, quien al cumplir su papel de testificar de Jesucristo, certificando, afirmando, convenciendo, produce el cumplimiento de la oración del Maestro ” que sean uno, como tu en mi y yo en ti, que sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste”

La unidad en el Espíritu es fundamental, imprescindible, provocando esa solicitud a sostenerla con una visión de un solo cuerpo, donde toma presencia un Dios, que es Padre de todos, está sobre todos, por todos y en todos. Una verdad que posibilita el entendimiento de este único Dios como Señor, en quien descansa la única fe que viene por Jesucristo y se canaliza e identifica mediante el bautismo.

Pablo pasa con facilidad del TODO a las PARTES, de la visión de CUERPO, a una mirada atenta a los MIEMBROS, donde se reconoce el valor que cada uno aporta en la conformación y establecimiento de este organismo vivo, llamado pueblo de Dios, familia de la fe, iglesia. Entrelazar este CUERPO con la CABEZA, esto es CRISTO, es determinante para entender el papel del Maestro en esta dinámica permanente que las comunidades de fe viven sin descanso.

Entender esta dinámica es vital para mantener en los corazones de los miembros su responsabilidad con todo el cuerpo, no se trata que unos pocos miembros lo entienden, asimilen, el llamado es a involucrar a todos sin excepción. En este espíritu el mismo Señor va estableciendo roles, ministerios, trabajos, que en el cuerpo van fortaleciendo esa perspectiva de cuerpo, donde todos contribuyen y se acompañan mutuamente.

Pablo hace una exposición de los denominados cinco ministerios, apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, donde la interacción entre estos servidores produce un impacto significativo en el cuerpo, su edificación. Estos servidores por sí solos no lograrían esa trascendencia, es cuando se atreven a funcionar de manera conjunta que producen este resultado, mostrando que ninguno es superior, cada uno se complementa con el otro.

Interesante resulta que esta designación no es humana, no responde a una elección, votación, propuesta, es parte de las atribuciones que tiene el Maestro, como cabeza y Señor de su iglesia. Respetarla es la responsabilidad de quienes llamados a ser parte del cuerpo, entienden que en este funcionamiento armónico, cada parte es bendecida, edificada, cuando cumple su papel y anima, acompaña a que los otros también lo cumplan.

Los cinco ministerios que se producen en el cuerpo, esto es en la iglesia, están al servicio de los miembros, donde la consigna es clara, acompañar en el proceso hasta que cada miembro cumpla su función, su papel, su propósito, llevando adelante la obra que le ha sido encomendada. En este caminar es importante estar atento a lo que acontezca con cada miembro, reconociendo que no todos caminarán al mismo ritmo, unos irán más rápido, otros más lentos, manteniendo la mirada en todos.

El desafío que Pablo presenta al colocar la meta como un objetivo que TODOS debemos alcanzar, retorna la mirada en el CUERPO, no se trata de los más calificados, hábiles, diestros, es necesario considerar que TODOS debemos llegar a la meta. Un trabajo de equipo donde los pastores adiestran, animan, orientan y CADA miembro se dispone a cuidarse uno a otro en este largo peregrinaje que debe culminar con esa transformación plena y completa, en el varón perfecto, a la estatura de la plenitud de Cristo.

Llegar a la meta es nuestro desafío, acompañándonos en los diferentes procesos o etapas que enfrentamos, asumiendo la responsabilidad de velar y cuidar a quienes se van incorporando o se van quedando rezagados en la carrera. Una forma práctica de mostrar la preocupación y compromiso de Jesús por su rebaño, donde cada creyente al cumplir su papel con el otro, posibilita lo que sólo, es imposible de alcanzar.

 

Define el enfoque

El seguimiento a Jesús en la vida cotidiana demanda una clara comprensión del papel y el lugar que la comunidad de fe recibe para la edificación y el crecimiento. Unirse a la iglesia siempre será desafiante, al enfrentar ese imaginario donde todo se idealiza con la realidad, olvidando que quienes conforman las iglesias son seres humanos, con luchas, necesidades, flaquezas, debilidades, imposibles de superarse por sí solas.

La visión de cuerpo cobra un valor significativo en la fe, mostrando que el imaginario que debe dominar la mente y el corazón del creyente es la metáfora de un pueblo, donde hombres y mujeres, niños y ancianos, aprenden a caminar juntos ayudándose unos a otros para alcanzar el objetivo, llegar a la meta establecida. No se trata de que unos pocos lo alcancen, es indispensable entender que TODOS deben alcanzarlo.

Entender que es posible estimulará el camino, aprendiendo a vernos como compañeros, amigos, hermanos, con una causa en común, testificar y representar como buenos discípulos al Maestro. Este compromiso ineludible plantea esa necesidad de mirarnos como miembros los unos de los otros, donde estimularnos, animarnos, acompañarnos, proveerá a unos de lo que otros poseen, en ese camino que de forma diaria va tallando al hombre nuevo, al varón perfecto, que en comunidad siempre encontrará el espacio para que TODOS alcancen este objetivo, mostrar a Jesucristo en su diario caminar.

 

Tu rol en el cuadro

Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

  1. Si el caminar cristiano es correr hacia la meta; ¿De qué forma estás corriendo para alcanzarla?
  2. ¿Cómo te preparas diariamente para avanzar en tu desafío de llegar a la meta?
  3. Si la meta del cristiano es llegar al varón perfecto; ¿Cuáles serían las características de este discípulo de Jesucristo?
  4. El camino hacia la meta siempre es desafiante; En tu experiencia, ¿Qué momentos o etapas te han costado superar?
  5. En la carrera los obstáculos o dificultades desaniman o estimulan a continuar con mayor ahínco; Al pensar en esas vivencias de tu vida cristiana, ¿Dónde te ubicarías?
  6. La meta no puede ser asumida como un objetivo personal, sino de toda la comunidad de fe; ¿Estás corriendo animando y acompañando a otros? ¿De qué forma?

 

Acción a realizar

Corre con paciencia, anima a otros.