“Sigue la instrucción, valor el consejo” por el Pastor Parrish Jácome

Mensaje dominical del 5 de julio de 2015

El gran panorama

Las palabras pronunciadas por el presidente John F. Kennedy el 12 de Septiembre de 1962, en su magistral discurso en la Universidad Rice, Houston, Texas, cuando anticipaba que en esa década el hombre llegaría a la luna, serían la antesala para los gigantescos cambios que en todo orden la humanidad ha enfrentado. Estas variantes produjeron nuevas formas de ver y entender el mundo.

La tecnología convertida en un factor determinante de estos años no sólo cambió las formas, también afectó las estructuras. La comunicación emprendió un camino nuevo, donde la distancia quedaría superada, al acercar a unos y a otros de forma visual en fracciones de segundos, levantando una cosmovisión global que responde a creencias menos ortodoxas, donde lo clásico es combatido y señalado.

Discutir los avances alcanzados en materia de ciencia y tecnología será iluso, desconocer su aporte para alcanzar soluciones a problemas endémicos de la humanidad no sería serio, menos aún objetivo. No existe dudas que estos últimos cincuenta años han sido de constante evolución en muchos aspectos, los mismos que pueden crear una falsa idea de superioridad o progreso.

El hombre vivió esa fantasía cuando declaró la era de la ilustración como la etapa de realización de la raza humana. La realidad es que las guerras mundiales, matanzas, odios raciales, pugnas religiosas, siguen mostrando que el corazón del hombre es el eje central, donde los cambios alcanzados poco han contribuido a tornarlo más sensible, generoso, solidario, respetuoso.

La cuestionada palabra de Dios, la Santa Biblia, sigue mostrando su valor y declarando la VERDAD, al proclamar una realidad que camina galopante en nuestros días. Censurarla, cuestionarla, es parte de un sistema que no quiere ser confrontado, manifestando su deseo de vivir sin mayor limitaciones que las que su propio instinto les plantea. Callar ante esa realidad exime el derecho que esa misma libertad otorga, a quienes conociendo al Dios encarnado, a la VERDAD suprema, Jesucristo, deciden caminar en sus instrucciones y consejos.

El texto no es pretexto

El libro de Salmos es una amalgama de sentimientos, emociones, vivencias que se plasman en tono poético, donde las expresiones reflejan a cabalidad el momento, las circunstancias que se están enfrentando. Resulta apasionante su lectura al presentar el lado humano de los hombres de Dios, aquellos que siendo imperfectos anhelan caminar con el Eterno en su transitar diario.

La presentación que el libro realiza encuentra un compendio que agrupa el lamento, las tristezas, los sinsabores, con las afirmaciones que al principio y al final se realizan. Quienes se quedan sólo con las aflicciones, pierden la riqueza que el salmista manifiesta en su capítulo inicial y final, donde el autor plasma la certeza de un creador que no pasa inadvertido, deja huellas e influye de manera decisiva.

Los inicios siempre serán desafiantes, para el lector es su primer contacto con la propuesta del autor, donde su estilo, forma, estructura, contenido, será determinante para la decisión de continuar o abandonar la lectura. Una apasionante verdad reciben quienes al abrir este libro se disponen a ser ministrados, permitiendo que la sencillez de un hombre que camino con el Señor, hable de forma contundente a sus vidas.

El final de esta obra debe ser grandiosa, capaz de mostrar la grandeza del Dios en quien se ha confiado. Alabar al Señor, glorificar su nombre, es un declaración contundente, de quien vivió todas sus etapas con la gracia manifiesta, plena, inconfundible de un Dios de amor. Cerrar toda la poseía que ilustra diferentes segmentos de la vida con esta proclama, reafirma la esperanza de quienes esperan un actuar contundente del Eterno.

David, salmista del Dios Eterno, abre esta poesía con una certeza irrefutable, trascendente para quienes luego de haber experimentado diversos caminos u opciones, reconocen que nada es comparable con lo que el Eterno puede generar en sus vidas. Certezas de quienes buscando el camino, muchas veces lo equivocaron, pretendiendo engrandecerse en su propia sabiduría, aquella que terminó desviando y oscureciendo una gracia que siempre fue singular.

La felicidad de quienes encontraron el camino no se esconde, es necesario manifestarla como testimonio a quienes en el pasar de los años enfrentarán ese mismo desafío. Disfrutar esa dicha nunca será arbitraria, fortuita, quienes creen de esa manera menoscaban las elecciones que en el camino debieron realizarse.

Bienaventurados, magistral expresión de quien desea comenzar este libro mostrando que la vida proporciona estas oportunidades, no se trata sólo de intentar o explorar, quienes decidieron seguir al Eterno experimentaran bendiciones concretas. La ventura, la felicidad, se manifiesta al optar por un camino, aquel que desde el principio fue presentado por el creador para el hombre.

La felicidad llega de una elección sencilla pero de gran trascendencia, donde el reconocimiento de la comunidad como agente de influencia, permite que un sabio consejo pueda hacer la diferencia. El caminar diario nunca será solitario, transitaremos con otros, aquellos que con sus palabras o acciones nos estaran invitando a seguir sus convicciones de fe o sus pasiones emocionales.

Los consejos acompañan este diario caminar, orientando con sabiduría en las elecciones que con frecuencia estamos enfrentando. Estas orientaciones no siempre son beneficiosas, muchas veces pervierten el camino, sugiriendo atajos, presentando rutas alternativas, donde la sabiduría de Dios nunca estará presente, su ausencia es una clara reprobación de ese sendero.

David no titubea al señalar que hay hombres buenos y malos, aquellos que buscan caminar en la luz, en la verdad, en integridad, en oposición a quienes optan por la oscuridad, la mentira, la doble vida. Los malos no tienen comunión con el creador, la desechan, la cuestionan, la ponen en poco, alejándose de todo aquello que se perciba como espiritual y divino.

Los malos van creciendo en su indignidad, alcanzando niveles impensados donde la conciencia de Dios y de sus leyes se va borrando por completo de sus corazones. A estas personas David los define como escarnecedores, aquellos que hacen mofa, burla del dolor ajeno, no lo entienden jamás, al considerarlo propio de la debilidad con la que se eligió vivir cada día.

El principio electivo regresa a su esencia, resquebrajando la postura que justifica la maldad al considerarla como una consecuencia social donde el hombre es una víctima de un sistema. la libertad que el hombre recibe desde su creación posibilita escoger el camino, la senda, el consejo que va escuchar, siendo así, la responsabilidad no puede ser trasladada, menos aún desconocida, como un elemento determinante para el resultado alcanzado.

Los que eligen caminar con el Eterno abrazan sus consejos, siguen su instrucción, meditan con detenimiento día y noche en sus enseñanzas, permitiendo que su orientación juegue un papel decisivo en su diario vivir. Esta elección no es impuesta, responde a ese llamado que todo hombre recibe del creador, colocando cerca de su vida las directrices que serán valiosas para evitar dolores y lamentos innecesarios.

La ley de Jehová es normativa, preventiva, llega para advertencia al hombre, quienes se dejaron engañar por la visión coercitiva, que busca censurar o interpretar a su arbitrio estas instrucciones, vivirán una fantasía, aquella que en un momento se desvanecerá, encontrándose vacíos y fofos. El creador instaura un orden donde todo tiene su razón de ser, no es un acto de capricho, menos aún de injusticia, responde a propósitos establecidos para toda su creación, incluido el hombre.

La respuesta para quien la recibe con solicitud, la encarna poniéndola en práctica, no se deja esperar, no se trata de una gratificación por cumplir a ciegas. Quienes deciden optar por este camino han saboreado el placer, el deleite de seguir estas instrucciones y aplicarlas, tornándose estos mandamientos gustosos, válidos para todas las áreas de su vida.

Las instrucciones dan firmeza en la vida, no se trata de aventurar buscando un horizonte, quienes han decidido honrar al Eterno en su vida tienen un norte claro, preciso, donde los imponderables aparecerán, pero aún en medio de ellos, las directrices entregadas por el Señor serán un sensor para decidir el camino. El paso del tiempo será la mejor balanza para evidenciar que este elección no fue equivocada, produjo resultados consistentes.

La promesa es única, singular, imposible de ser superada por aquellas opciones que prometen satisfacción y placer personal. “Todo lo que hace prosperará” contundente afirmación para quienes serán como árbol plantado junto a corrientes de agua, aquellos que verán como su hoja no cae, va creciendo y a su tiempo producen fruto, cosecha abundante.

Define tu enfoque

La necesidad de orientación para el diario caminar es incuestionable, mientras las opciones que favorecen el placer personal se difunden con fuerza, el consejo del Eterno sufre al ser considerado retrogrado y fuera de lugar. Silenciar nuestra voz no es sabio, priva a un conglomerado humano tan requerido de luz del consejo que el Eterno tiene en su palabra.

Levantar nuestra voz presentando el ideal de un Dios amoroso, capaz de brindar un camino para su creación es imprescindible. Limpiarlo de todo ese sectarismo popular, religioso, secular, resulta necesario, para quienes buscando un camino no lo improvisen en opciones que traerán resultados fantasioso, placer temporal, que rápidamente producirán un vacío imposible de llenar.

Escoger seguiría siendo el mayor desafío, el consejo de Dios está al alcance, manifiesto de forma concreta y directa en sus instrucciones, quienes se atreven a seguirlo tendrán la garantía de su compañía y permanente guía. La elección sigue siendo del hombre, su responsabilidad es ineludible, saber escoger entre el Dios de vida y un sistema de muerte.

Tu rol en el cuadro

Considere las siguientes preguntas, reflexione en cada una de ellas y responda con honestidad.

1.- En el caminar diario, la necesidad de consejo es imprescindible; ¿Cuál es el valor que tiene en tu vida el consejo de Dios?

2.- El consejo de Dios se expresa mediante sus mandamientos e instrucciones; ¿En tu diario vivir hay evidencias que los estás siguiendo? ¿De qué forma?

3.- La presencia de buenos y malos consejeros es indiscutible; Tu decisión para recibirlos o rechazarlos, ¿Sobre qué base se realiza?

4.- Elegir el consejo es una decisión diaria; ¿Por qué escoger el consejo e instrucción del Señor para seguirlo?

5.- La ley de Jehová es perfecta, previene y advierte; ¿Has luchado en tu vida por ponerla en práctica? ¿Cuándo te ha costado más hacerlo?

6.- Si el consejo es una elección, debemos respetar la decisión de otros; ¿Sí es así no hay nada que hacer? ¿Cuál sería nuestra responsabilidad para que otros conozcan el consejo e instrucción del Señor para bendición de sus vidas?

Acción a realizar
Difunde el consejo de Dios, compártelo sin temor con otros.