Sin valores, no hay carácter

Las historias de hombres brillantes que se destacaron por su entrega, sacrificio, compromiso con una causa, en muchos casos enfrentaron momentos difíciles, cuando lo inesperado, insólito para muchos, salió a la luz. Un momento duro donde el rigor de la critica o la censura, se hizo presente para mostrar su desaprobación a una conducta que jamás se imagino.

Buscar los motivos no siempre es sencillo, divisarlos a fin de identificarlos termina siendo complejo, desgastante, dejando en el ambiente una realidad incuestionable que se repite con frecuencia. La separación de la vida privada de la pública genera distorsiones, sesgos tan profundos que al ser descubiertos restan credibilidad a quienes en su momento gozaron de confianza.

El carácter no se desarrolla por si sólo, requiere de esa formación constante donde los valores, los principios, van ganando espacio hasta convertirse en los pilares que estimulan o alejan una elección. Cuando este proceso no se ha fortalecido, la resistencia a pasiones o acciones nocivas es prácticamente nula, quedando en una total indefensión que traerá una alta factura.

La necesidad de hombres y mujeres de carácter es fundamental, imprescindible, en quienes buscan trascender y responder con responsabilidad al desafío de ser referentes en la vida de quienes les han sido confiados. Trabajar en el carácter es una labor del día a día, sin horarios, asumiendo el compromiso que como discípulos del Señor hemos sido llamados a cultivar, ser como el maestro, tener el carácter de Cristo.

Parrish Jácome